domingo 17 de abril de 2022 - 12:00 AM

La utopía

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Columna de
Sergio Rangel

La economía de los marcados se comió al mundo. Lo dicen los economistas, las amas de casa, los campesinos, los médicos, los políticos. Metemos en esto a los médicos porque el hambre puede ser un problema médico. A los políticos porque el hambre puede convertirse en un problema de orden público.

De la economía puede decirse que ella misma toma su dirección, es quizás como los ríos, si tratamos de canalizar, tarde o temprano revienta por donde era su curso natural. Un campesino me decía que “las cosas no se dan donde no se dan”. Eso fue lo que sucedió con la economía de mercados.

Las franjas climáticas en que está dividido el planeta hace que algunos productos se den de manera más fácil y en mayor producción que en otros (además se subsidian). Es el caso de Ucrania, que por tener “tierras negras” ricas en materia orgánica y “elementos” mayores y menores, su agricultura alimenta a gran parte de Europa. La ley de mercados va haciendo más profunda la división entre países ricos y países pobres.

Ubiquémonos en Colombia. Los políticos que nunca han trabajado en nada hablan de devolverle al campo su productividad. Pero no dicen cómo. Petro se atreve a dar soluciones y dice “burradas”. Petro arremete contra dos exitosas líneas de producción en el país, la caña de azúcar y la palma de aceite. Desconozco el número de empleos directos e indirectos que genera la caña en el país, pero a pesar de sus avatares, en Santander y buena parte de Boyacá gracias a la panela subsisten nuestros campesinos.

En el Valle, a Petro lo cogerían a palo porque los ingenios azucareros soportan el 30% de los empleos directos e indirectos. El papá de Fidel Castro y Raulito no alcanzó a ver cuando este par de criminales acabaron con la caña que fue el comienzo del hambre en Cuba, él mismo los hubiese sacado a fuetazos. ¿Qué decir de la otra propuesta agraria de Petro de acabar con la palma de aceite? Que es un ignorante.

Más de 500 mil hectáreas de palma generan 4 millones de empleos directos e indirectos. Debo explicar que la economía moderna cuando se habla de empleos indirectos debe contarse hasta el infinito. Los griegos decían: “Quien no conoce su límite, que tema al destino”

¿El freír los bocachicos en el río, los plátanos y las empanadas no son empleos indirectos? Acabar con el empleo es acabar con el placer de la libertad y la seguridad. Para los desempleados las noches se vuelven miedo y angustia.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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