domingo 05 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Sergio Rangel

Léame la Constitución, soy ciego

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Columna de
Sergio Rangel

No existe persona que sepa más, y que vea más que un ciego. No sé quién lo dijo, o dónde lo leí. Lo cierto es que pasado el debate electoral del domingo no encontré a nadie que razonara de manera adecuada. “Perder es morir un poco” o tal vez como lo dijo Maturana, “perder es ganar un poco”. En esa dicotomía de conceptos me fui a la casa de un amigo que, hace tiempo en un trágico episodio perdió la visión, por un disparo en pleno rostro. Le gusta interpretar la política, dice...es el “arte de la traición”. Para los negocios aprendió el sigilo de los cazadores. Le importa un pito si llevan medias color verde o el pelo rojo, rojo. Sabe que los políticos son como los pájaros, hacen sus necesidades en el momento de la necesidad, y no hay quien lo impida.

Me hace sentar en un gran sillón. Dice que está de duelo pues se le fundió el aparato al que le da órdenes de voz para colocar música de Bach, o las noticias y comentarios de Julio Sánchez en la W. Pasa a decir que Harmut Rosa advierte que la acumulación del capital, en forma exagerada es la causa de la alienación que sufre el mundo. Que la medicina pasó a unos extremos increíbles, que los grandes esculapios recetan cocimiento de lengua de culebra, sangre caliente de lagartija, mandan hervir todo lo que vuela de noche, son los mensajeros de las brujas. Para meterlo en el debate electoral todavía tibio o en llamas en algunas partes, prendo fuego a un papelito del cenicero.

Me respondió como si fuera un experto avicultor... ¿No se dio cuenta amigo Sergio que en las presidenciales se empolló un inmenso huevo de dos yemas?. Ganó Petro la presidencia con artimañas y dineros oscuros y con un discurso, que para eso se preparó. Lo acompañó de carambola la nariz de Pinocho y la sed de monedas de Rodolfo que le cacareaban en la boca como castañuelas flamencas. Ganó, pero el país se partió en dos, un huevo de dos yemas. En el centro del país perdió. Y nombró un gabinete de oportunistas e inexpertos. Por eso naufragó rápidamente en un plato de agua. Apareció en auditorios del extranjero, en donde lo calificaron menos inteligente que un buey. Habló de los insectos, de los minerales de los que se presupone tienen alma, discursos en laberintos de soledad. En su egocentrismo olvidó que las revoluciones no son obra de uno solo, sino de muchos. Para ofender dijo también que aquí los que nacen, nacen viejos. Por todo eso perdió las elecciones que acaban de pasar, perdió al país. Me pide mi amigo ciego que le lea a los Gobernadores hasta la saciedad el título XI del CN de 1991 y sobre todo el artículo 287 sobre las Entidades territoriales. No saben el trueno que tienen en la mano. Y no olvide que soy ciego.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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