domingo 04 de enero de 2009 - 10:00 AM

Llegó el Comandante y mandó a parar

Así dice una salsa o un son montuno cubano, que sintetiza los 50 años de la revolución cubana. No recuerdo quién es su autor, y si la canta el Compae Chipuco, o quizás otro virtuoso de esa hermosa música antillana, que tiene un no sé qué, que nos pone a vibrar. Cada vez que suena en la radio subo el volumen. Dejo a Chucho Rey que me ilustre.

Lo que sé es que no fue hecha en Miami por algún percusionista nostálgico, a la espera de la muerte de Fidel, mientras bebe Jonhnnie Walker, que igual sigue tan campante. Dicen que Fidel se ha propuesto vivir 140 años y batir el récord de longevidad, y con ello la revolución llegue a los 100. Es posible, bebe vino tinto, come pescado, mariscos y verduras, y sepultó todo su pasado burgués, todo lo que aprieta, acalora y fastidia, como lo hizo con Cuba mediante un régimen de hierro para un pueblo gozón. Gandhi se propuso lo mismo, dijo que viviría 130 años, para lograr liberar y unificar la India.

Sepultó también su título de abogado, sus corbatas y trajes ingleses de cuando vivió en Londres y vistió como los campesinos, con taparrabo. Su dieta de dátiles y agua con miel de abejas, le permitió los ayunos con que fue derrotando Ministros y Virreyes hasta el soberbio Churchill. Todo hubiese sido posible si una bala no lo envía al Nirvana. En todo caso Fidel Castro puede llegar a ser tan viejo como una piedra, porque con su terquedad de gallego, heredada de su padre, lo lleva a pensar que su socialismo a la cubana, su gran sueño, podrá concretarse a pesar de ser un sueño.

Un sueño como la utopía, de Tomás Moro, un paraíso idílico, en donde todos estarán satisfechos, sanos y felices y en las tardes se irán con sus cañas a pescar, o a una bodeguita a bailar son. Sueño de la humanidad desde siempre. Hasta ahora la revolución cubana ha sobrevivido a 10 gobiernos de EU, a la caída de la URSS , a las agonías de Wall Street, a las aventuras en África, a la embestida de los narcos, a las patanadas de Chávez, y a la larga nariz de David Murcia que asomó hasta allí. Todos han querido tener a Cuba para sí.

Alejo Carpentier nos recuerda en 'El Siglo de las Luces' que Cuba fue el lugar de convergencia del mundo como lo fue el Mediterráneo. En los bares de la Habana, sin importar lo que dijese Fernando, Carlos el extraviado, o el Papa, una endiablada Babel, piratas holandeses, tripulaciones chinas y turcas se entendían con españoles, franceses e ingleses, en una monserga que el ron hacía entendible a risotadas. El éxito de la revolución quizás esté en eso en su multirracialidad, defecto y ventaja de los pueblos. O tal vez se pueda resumir en una frase de Fidel en una carta a Carlos Franqui, '…es mejor pecar por exceso que por defecto, lo que sólo lo puede llevar a uno al fracaso'. En Cuba todo se hizo con exceso.

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