domingo 24 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

Los milenios

Lo del paro era predecible. La epidemia se extendía por América, reflejada a flor de piel y en el enrojecido de los ojos, pero no se buscaron medidas.
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Columna de
Sergio Rangel

Escribe Azaña en sus memorias: “Rodeado de imbéciles, gobierne a ver si puedes”, la República se había derrumbado y miles de españoles republicanos pasaban huyendo la frontera con Francia. Es una frase que ojalá no le toque escribir al Presidente Duque. No se nota un solo ministro que pueda suplir las falencias que el Presidente tiene, no solamente en el campo político, sino, en la lógica (prudencia, el antónimo de insensato). No sé cuál de sus asesores o ministros le aconsejó ir a la frontera de Venezuela, con bandas musicales a la caída de Maduro, que se daría en horas. ¿Cuál calificativo puede dársele a este episodio? En la historia del país, bello y alegre entre lágrimas, risas y olor a chamusquina, el hoy senador que provocó la masacre de Bojayá, es posible que sea distinguido con la Cruz de Boyacá por servicios a la patria. Y el Presidente vaya, aconsejado, quizás “... por el paso del tiempo,cómplice de los exterminadores”.

No recuerdo quién dijo “... una de las virtudes de la literatura es aprender a no descartar lo imposible, a desconfiar de lo evidente, y que las palabras a veces son armas de la mentira”.

Es predecible que Santrich regrese de su destierro. Basta el paso de unos años, o unos cuantos kilómetros para que sus atrocidades se desdibujen en neblina de olvido, y parezcan legítimas. Se extiendan vallas exaltando sus logros por el pueblo y se lance a la Presidencia, líder de los milenios, con alianzas, y fortalezas económicas. Complemento de la locura, Rodolfo su vicepresidente.

Lo del paro era predecible. La epidemia se extendía por América, reflejada a flor de piel y en el enrojecido de los ojos, pero no se buscaron medidas preventivas. Se tomaron pañitos de agua tibia. ¿Lucha de clases? No, pillaje es sus propios barrios. Una generación sin identidad, perdida en la incertidumbre de la droga, su música es un cancaneo que aturde. El amor y la piedad, sentimientos de cucaracha, que caben en una hendija.

En cada nación del mundo surgen de cuando en vez profetas de la anarquía y su catecismo. Aquí, es la cartilla envenenada de Fecode , y Petro, el profeta en la retaguardia.

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