domingo 25 de octubre de 2009 - 10:00 AM

Matriarcado en hojas de parra

El Padre Horacio Carreño me tenía  una sorpresa. El es el Párroco de la iglesia del Carmen del barrio Girardot, un barrio popular de mucha tradición en Bucaramanga. Allí se asentó toda la industria metalmecánica y automotriz de la ciudad.

La sorpresa de la que hablo se refiere a que  daba por sentado, mi amigo el Cura,  que yo no conocía una vid tan grande y vieja y por lo tanto bella, como la que él tenía en el patio de la casa cural. Me sorprendí  cuando entré a la casa y vi en el patio el grueso tronco de una vid retorcida que ascendía hacia el techo y cubría en emparrado con sus sarmientos la totalidad del patio. Pendían de lo alto infinidad de racimos de uva negra. Según dicen, tiene 50 años de haber sido plantada. Nunca se fumiga contra plagas, tampoco se abona, sus raíces sobrepasan varias cuadras y su fertilidad radica en que  sus pelos absorbentes se colaron en el tubo roto del orinal de un bar lejano de bebedores de cerveza. Cada cosecha supera la tonelada de fruta.

La altura es de cuatro metros y el área que cubre con sus hojas y ramazón es de cien  metros cuadrados. Pienso que es récord Guines. No creo que en el mundo exista una parra de ese tamaño y que produzca tanto. Reto a alguien que asegure haber visto otra igual. Esta bellísima mata de uva, es un símbolo; es para los bumangueses que se van del país materia de nostalgia. Jamás verán otra igual. Nostalgia bumanguesa es también no encontrar en Manhattan o en cualquier calle del mundo, un paquete de habas tostaditas como las que vende 'Habitas' en su canasto callejero, mientras remeda un toque de  trompeta, o anima las  graderías del Alfonso López. Nostalgia bumanguesa me lo confirma desde Londres, Arturo Villamizar, es no encontrar una tajada de  capón de Raúl Pérez, carrera 19 con calle 19, mientras se paladea una cerveza en un Pub inglés. ¿Cómo hace Raúl Pérez  su delicioso capón? Lo sabrá Mandrake.  Por más de que lo emborrachen y gasten, no se lo ha revelado a ninguno de los chismosos del barrio que se reúnen allí a beber cerveza. El secreto se lo llevará a la tumba como se lo llevó Cosmopolita. Un turrón Cosmopolita es nostalgia  como una gambeta de Montanini. Pero, me he ido por entre las ramas del uvo del mi buen amigo. Mientras probamos las uvas, el Cura Carreño me cuenta que está empeñado en que una mujer sea la próxima alcaldesa de Bucaramanga, una mujer con ideas frescas y dulce como estas uvas, dice. Que nos gobierne un matriarcado; nunca hemos tenido una mujer mandando en Bucaramanga, ¿Cuál es la razón? Son los políticos unos viejos corruptos, machistas y plagados de prejuicios. Lo afirma con vehemencia. Entramos en el tema político. Le pregunto que quién debe ser el Presidente. Responde, un hombre que piense como Dios, que obre como Dios y se crea un Dios. ¿Entonces es Vargas Lleras?   Ustedes están muertos de hambre, nos dice. En seguida le ordena a mi asistente, Luz Estela Mejía, que avise a la servidumbre que inmediatamente metan a la olla hirviente para el almuerzo al Despertador, todos nos horrorizamos, pero nos damos cuenta de que es un gallo de plumas rojas  que picotea maíz en el patio.

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