domingo 20 de diciembre de 2009 - 10:00 AM

Panachi II Etapa

La Plazuela es la segunda etapa de Panachi, tal vez el segundo éxito. Miles de personas han visitado en La Mesa de los Santos la otra punta del cable del Parque. La inversión ascendió a la bicoca de 2.500 millones de pesos.

En Santander estas inversiones nos asombran porque estamos acostumbrados a ejecutorias minúsculas. El enanismo es una dolencia  que nos contagió de pronto. Hoy hemos logrado, parece, sacudirnos de ese pernicioso mal. No hago elogios para que me den los vueltos. A Dios lo que es de Dios y al Coronel lo que es del Coronel. Él fue el ejecutor de la obra. La idea original fue del arquitecto Jairo Rojas, quizás otros soñadores se la oyeron y echaron el cuento como propio. Los Guanes también soñaron con Panachi. El último Cacique de Cepitá, Rubén Avendaño y la Cacica Lilia Beltrán, soñaron con el templo Panachi. Aquí hay una escala de méritos. Si en la gerencia del proyecto no hubiese estado Carlos Fernando Sánchez, un hombre visionario y pragmático, con la terquedad de los Sánchez Camacho, políticos y escritores de otrora, la obra hubiese fracasado. Fueron muchos los ataques. Que eso era muy caro, que era muy lejos, que allí no irían sino las cabras, que hacía mucho sol , en fin, le dieron por donde le dan a las capsulas de revolver y él persistió. Tiene el olfato de los tigres. Sabía que la gente del occidente colombiano no conocía a Santander.

No había por dónde venir a Santander. La autopista a Medellín y otras vías  nos conectaron con  un turismo deseoso de saber cómo eran los montaraces santandereanos. Cómo vivíamos en pueblos apasibles, casas de teja y barro. Entonces el negocio no tenía pierde. Claro que también hubo arquitectos geniales, soñadores e incomprendidos, Guillermo Antonio Prada y Daniel Valencia. Sin ellos como sin Goudi, en Barcelona el paisaje hubiese terminado romo. Y llegó Serpa cojeando ,adolorido de un tiro de cuando la guerra. El también acogió la obra como suya Nosotros estábamos ahí,  mirando a la gente que llegaba a la Plazuela como a una corrida de toros, y escuchando la música, Oscar Martínez el mejor fotógrafo del Chicamocha, Jaime Orduz Peralta le metió un gol  de cabeza al Quindío de antología una vez, a la siguiente un negro le partió una pierna; no jugó más, se dedicó a mamar gallo y a pensar. Como escultor hizo la más bella virgen morena  y está ahí en la capilla de La Plazuela. Germano Serrano el pintor y músico, había llegado montado en una perra, que luego la durmió en el prado. Serpa dijo que pavimentaría la carretera y pondría agua a la Mesa. Seguro que lo va a cumplir, si no le da otra vez por la presidencia y por traernos a Chávez. Vinieron otros discursos, y otros, aplaudimos. Me distraje mirando las caderas de las muchachas ágiles y bellas que con walkie-talkies vigilaban y dirigían el evento. Quién iba a imaginarse esta obra, si a esos pajonales no iban sino el viento, Jorge Prada, Uriel Serrano y Martín Torra a buscar sus cabras extraviadas.

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