domingo 26 de mayo de 2019 - 12:00 AM

Río que pasas llorando

Dragar es un negocio incontrolable. Más se tarda en retirar arena, que el río volverla a colocar en el mismo lugar.
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Columna de
Sergio Rangel

Hace tiempos escribí que en un “meandro” de Puerto Wilches recalaban cadáveres que bajaban por el Magdalena. Se decidió entonces, por los costos de entierro y “desentierro”, cortar una vara larga y empujarlos Río a bajo. ...“Dejad que los muertos entierren a sus muertos” Lucas 9. Odias 28.6. Esa caravana de cadáveres que nadie reclamaba, seguramente al descomponerse se convertirían en arena y de esa arena en almohadas. Al fin y al cabo el mundo de hoy todo lo reconvierte. Una historia que parece no haber existido.

La inteligente periodista de Vanguardia, Luisa Fernanda Ruiz, informa... “Recursos para mejorar la movilidad por el Magdalena” El dinero, $30 mil millones, se encuentra a la disposición de Cormagdalena. Desde el General Mosquera, 1863, se han lanzado a las aguas del Magdalena tantos recursos, que hoy se podrían comparar con los granitos de arena que tienen sus aguas. Seguramente reconvertidos, no en almohadas, en lujosas casas de campo , autos, viajes,.. no sé. La avaricia cada vez es más abusiva, abarcadora, oblicua, dislocadora, máscaras superpuestas al infinito sin que quede rastro, ni rostro. Fedenavi, le informa que 80 barcazas con 490 mil barriles de petróleo están represadas en el río por falta de dragado. Eso no es cierto, me atrevo a sostenerlo. Dragar es un negocio incontrolable. Más se tarda en retirar arena, que el río volverla a colocar en el mismo lugar. El dragado es necesario pero es un saco roto y por ello, un buen negocio. En los ríos de China, de caudales cíclicos como el Magdalena, se dejó de adaptar los ríos a los equipos de navegación, ahora se adaptan los equipos a los caudales de los ríos. El “calado” de las barcazas es tan delgado como un papel. El largo, hasta donde la seguridad de flotabilidad lo permita y los recodos posibiliten su giro. Los remolcadores de sistema “Shoter” se mueven por turbinas que al succionar el agua dan el impulso deslizándose, así la profundidad sea crítica. Chatarrizar el obsoleto parque fluvial y restructurar las concesiones de los puertos es una urgencia.

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