domingo 07 de marzo de 2010 - 10:00 AM

Trampa mortal

Ofelia Pinto Moreno, es un nombre y unos apellidos que no le dicen nada a nadie. Tal vez diga mal. Un nombre que les podría decir  todo a los colombianos. Lo que pasa  es que es una campesina anónima, víctima como tantos otros que perdieron sus pies, o las piernas, o la vida. Como cortar árboles con minas quiebra patas. Tanta maldad. Tanto horror. Tantas lágrimas. Sucedió en el Carmen de Chucury.

Un periodista también un poco anónimo pero de grandes valores, Reinaldo Rueda Rueda, años más tarde, le pide a esta mujercita del pueblo que le haga un relato de lo sucedido. Betuliana Estéreo es la emisora comunal que trasmite todos los días desde las nubes. Reinaldo Rueda  su director, en la madrugada alienta a los campesinos a que se levantan con los gallos. Una madrugada no hubo  música, sino un  relato escalofriante de cómo esta campesina cargaba sus mulas y al salirse  del camino, una mina quiebra patas le destroza las piernas. El relato vuela como un ave de mal augurio de radio en radio. En cada rancho  todos lloraron  como si hubiesen sido sus propias piernas. ¿Por qué Dios permite esto?, se decían. Reinaldo Rueda decide enviar su reportaje a concursar en el CPB 2010  y resulta ganador. Una estatuilla del Maestro Rodrigo Arenas Betancourt es el premio. Los periodistas del país envidiosos o no, engavetan el premio y no lo mencionan. Triunfar es como establecer un serpentario en el bolillo. Es el precio del éxito. Con este reportaje se deberían iniciar todos los días las trasmisiones de radio en el país; quizá así a los asesinos se les escape una lágrima. Y en la soledad de la montaña piensen que su propia madre puede empapar de sangre la tierra. Esa mujercita campesina, pasa meses en convalecencia y no entiende el porqué de su desgracia. Una amiga suya, Sandra Díaz Gómez,  de la asociación de discapacitados de Betulia, la contacta con CIREC, Centro Integral de Discapacitados de Colombia. Allí le asignan un psicólogo y le acondicionan prótesis. Hoy todavía respira pólvora y su sangre es un torrente de miedos. ¿Qué podremos hacer por los que quedaron signados para siempre? Ellos quieren que  no se les trate como carne solamente, y no se les relegue al silencio de los héroes. Propongo desde esta columna de opinión que erijamos un gran obelisco forjado en bronces, de la donación de miles de llaves ya inútiles  de todas las puertas de  los colombianos. Obelisco que sea erigido aquí en Bucaramanga en una plaza abierta. Que todos recuerden de esta mal llamada guerra, esta historia de infamia entre las fieras. Y que allí queden grabados para la eternidad los nombres de los que tendrán dos muertes.

En la próxima semana se avisará del sitio en donde se pondrán la urnas para recoger las llaves donadas.

 

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