sábado 02 de diciembre de 2023 - 12:05 AM

Silvia Otero

La tragedia de la educación

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Columna de
Silvia Otero

Juliana había escrito una historia. Estaba encima de su escritorio. Miguel pasó por ahí, recogió la historia y comenzó a leerla. “Devuélvemela”, gritó Juliana. “Solo quiero leer la historia”, dijo Miguel. La sostuvo en alto. “No, es privada. No quiero que nadie la lea”, dijo Juliana.

Intente responder la siguiente pregunta basada en el texto anterior: ¿Por qué Miguel sostuvo en alto la historia?

Este tipo de textos y preguntas se utilizan en el mundo para medir la privación de aprendizaje en niños de 10 años. Se trata de niños que asisten a la escuela, pero que no adquieren las habilidades básicas de comprensión de lectura. En Colombia, según el estudio “Learning Poverty at the Local Level in Colombia” de Gabriel Demombynes, sólo 4 de cada 10 niños y niñas de 10 años pueden responder la pregunta, y los otros 6 caen bajo la categoría de privación de aprendizaje. Pero ese promedio esconde profundas disparidades regionales. En varios departamentos del país como Sucre, Córdoba, Magdalena, Bolívar o Caquetá, la privación de aprendizaje entre sus municipios oscila entre el 60% y el 90%.

De hecho, el nuevo libro de Adolfo Meisel y Ángela Granger, “Desigualdades regionales en la educación colombiana”, también hace una profunda radiografía sobre las inmensas brechas regionales en la calidad de la educación básica, media y superior en Colombia. Los autores coinciden en identificar que en algunos departamentos los estudiantes de colegio se están graduando con pésimo rendimiento educativo medido con la prueba Saber Pro. Pero más grave aún: las brechas entre departamentos y municipios se están profundizando a lo largo del tiempo. Mientras que departamentos como Boyacá y Santander siguen una senda de mejoría, otros como Chocó y Vaupés están quedándose cada vez más rezagados.

No podemos negar que Colombia ha avanzado de forma notable en el propósito de meter a las aulas a casi todos los niños y niñas que habitan en el territorio. Incluso con el reto enorme de la migración, el sistema educativo colombiano ha sido capaz de incorporar a 600.000 niños extranjeros: un verdadero milagro. Pero la incapacidad del sistema para garantizar aprendizajes básicos lleva a cuestionar el propósito de la escolarización. ¿Qué futuro espera a estos niños? ¿Cuánto pierde nuestra sociedad al perpetuar una educación deficiente? ¿Cuáles son las consecuencias de este analfabetismo generalizado en el desarrollo, las relaciones interpersonales y el ejercicio de la democracia? Eliminar la privación de aprendizaje y cerrar las brechas regionales en calidad educativa deben ser prioritarios para los gobiernos nacional y locales entrantes.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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