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Silvia Otero
Viernes 25 de agosto de 2023 - 12:00 PM

Lo que va de Rodolfo a Milei

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Hace unos días, fue publicado el libro “Gustavo Petro vs. Rodolfo Hernández: ¿Dos populismos encontrados?”, con capítulos de varios profesores y estudiantes de la Universidad del Rosario. Los capítulos presentan visiones diferentes y, a veces, opuestas sobre el aterrizaje del populismo en Colombia en las elecciones de 2022. Escribí para el libro un ensayo llamado “Racionalidad rodolfista y encanto populista”, junto con Rodrigo Barrenechea, politólogo peruano. Este capítulo nos invita a comprender el fenómeno electoral de Hernández, al tiempo que ofrece pistas para asimilar el triunfo de otros populistas en América Latina, como es el reciente caso de Javier Milei en Argentina.

Con el éxito de Hernández, así como el de Milei, el establecimiento político y los analistas de todas las vertientes quedaron estupefactos. Muchos no pueden entender que candidatos con programas macabros, inviables o superficiales tengan tanto éxito. El votante rodolfista y mileísta es tratado como irracional y superficial, víctima de trucos mediáticos y apelaciones a emociones. Este desprecio hacia dicho votante subyace en la premisa de que la gente debe votar por programas. Pero ni en Argentina ni en Colombia, y en general en las democracias, los programas se cumplen. Quienes votan por Milei o por Hernández apelan a otra racionalidad: la del castigo a los políticos. Se vota no para mejorar la propia vida, sino para empeorar la de “la casta” o “la ladronera”. La promesa de acabar con los políticos, reducir sus salarios, quitarles prebendas y hacerles la vida difícil está conectando como nunca antes con los votantes.

Hernández, Milei y otros populistas a la derecha, como Bolsonaro en Brasil o Trump en Estados Unidos, apelan al sentir de las personas comunes. Pueden ser millonarios, pero hablan, se expresan y hacen cosas como un ciudadano corriente. De esta forma, hacen creíble la promesa de que cuando lleguen al poder no se van a convertir en el establecimiento, que lo van a enfrentar. Estos políticos se conectan con el sentir de gran parte de la ciudadanía que quiere “trabajar honradamente” y que “no quiere nada regalado”.

¿Qué sigue? Para la derecha tradicional, no populista, un remezón para recuperar sus votantes. Para la izquierda, un llamado de emergencia: o gobiernan en favor de los pobres, o serán incluidos en el mismo saco de la “élite”, “la casta” y “la ladronera” en las elecciones que siguen.

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