Publicidad

Silvia Otero
Viernes 08 de septiembre de 2023 - 12:00 PM

Pasión por lo imposible

Compartir
Imprimir
Comentarios

El libro de memorias de Alejandro Gaviria pretende ser una llamada de atención o una alerta temprana a Gustavo Petro. El mensaje principal es que el presidente tiene buenas intenciones y que su preocupación por la justicia social es genuina, pero que no tiene método. Petro produce muchas ideas vagas y generales y elabora discursos elocuentes, pero no aterriza nada en estrategias, planes, programas, indicadores y presupuestos. Esto representa un gran peligro, según Gaviria, porque las utopías también pueden ser regresivas y decir “lo intenté pero no me dejaron” después de cuatro años no será suficiente.

A pesar de que coincido en líneas generales con las preocupaciones de Gaviria, el libro me pareció miope. Por un lado, como libro de memorias, es muy incompleto. Su paso por el Ministerio de Educación apenas es mencionado. ¿Qué significó para Gaviria dirigir un sector con un sindicato fuerte que además clama representación en el gobierno? ¿Cómo influyen los políticos en este contexto? ¿Cómo lidiar con la tensión inherente entre las demandas de financiación superior y básica? ¿No debería un libro de memorias tratar de esto?

El libro, entonces, es otra cosa. Como han señalado otros, como se puede ver en la crítica de Francisco Gutiérrez, se acerca más a una larga cantaleta desde la superioridad moral del tecnócrata. Y desde esa superioridad moral, se entiende que Gaviria no comparta lo que aprendió de todo esto. En el libro no se encuentra autocrítica. ¿Puede Gaviria conectar que la razón por la que, según él, “fracasa” el gobierno es la misma por la que perdió estrepitosamente la candidatura presidencial? Es increíble, pero parece que no.

Entonces, no hay una reflexión sobre por qué la “pasión por lo posible” y el “cambio imperfecto” en los que tanto cree perdieron las elecciones. Hay impaciencia en la ciudadanía y un desgaste con la falta de imaginación política para cambiar la sociedad. Petro echa globos, sí. Pero esta es una sociedad que ha echado muy pocos globos por 30 años. Gaviria debe haber notado que en el último año, de repente, hemos cuestionado cosas que considerábamos inamovibles, como los subsidios a la gasolina, la mala y costosa calidad de la luz en la costa, las ganancias de las EPS, el costo del transporte público y las muertes en las protestas. ¿No entiende Gaviria que esas digresiones “imposibles” son precisamente valoradas por una ciudadanía agotada con el modelo hipergradual de progreso social que él defiende y promueve?

De un testigo tan agudo, habría deseado un libro de memorias verdadero, con aprendizajes y autocríticas. Este no lo tiene.

Elija a Vanguardia como su fuente de información preferida en Google Noticias aquí y únase a nuestro canal de Whastapp acá.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día

Publicidad