viernes 21 de julio de 2023 - 12:00 AM

Simón José Ortiz

De esta agua sí beberemos

En Colombia, como lo reconocía en 2011 la Corte Constitucional (en la sentencia T-740, con ponencia del magistrado Sierra Porto), el agua tiene una doble connotación de derecho fundamental y de servicio público.

Sin embargo, aún existen muchísimos lugares donde la escasez y la calidad del agua son preocupantes y ni una sola ciudad que haya tomado la gran iniciativa de ofrecer fuentes y bebederos de agua públicos, tal y como sucede en otras ciudades del mundo, de Nueva York a Granada, de Tokyo a Münich.

Implementar estos bebederos, por un lado, reduce sustancialmente la necesidad de consumir agua embotellada, lo que a su vez disminuye drásticamente la cantidad de envases de plástico de un solo uso que van a parar a nuestros océanos, ríos y vertederos, y en cuya elaboración (tanto como en su eliminación) se generan sustanciales emisiones de gases de efecto invernadero.

Y si los bebederos de agua públicos están diseñados para proporcionar agua potable de manera más eficiente, esto puede minimizar el actual desperdicio de agua y promover su uso responsable.

De otro lado, la implementación de fuentes de agua potable en espacios públicos puede atraer a más visitantes tanto extranjeros como nacionales, puesto que la existencia de infraestructura que promueve la sustentabilidad y el cuidado del medio ambiente crea una imagen positiva de los lugares visitados, resultando no solo atractiva ante los ojos del turista sino, también, ante los ojos del inversionista. Demos, así pues, ejemplo al resto del país.

Nota 1: Crece la sospecha y la desconfianza entre los defensores del Páramo de Santurbán y la ciudadanía respecto al Ministerio de Ambiente, encabezado por Susana Muhamad. Resulta que desde el Ministerio están favoreciendo bajo la mesa a Minesa y se rumora que esto se hace con el fin de proteger y ayudar a los socios estratégicos de los Gilinski, esto es, a la familia real emiratí.

En Santander ya no le creen a la ministra.

Nota 2: Según dicen, a Santander lo quieren ascender del clan del coronel al clan del general, todo con el apoyo de los partidos tradicionales que han vivido saqueándonos. Preocupa mucho que un individuo cuestionado y con presuntos vínculos con falsos positivos y corrupción (basta con googlear su nombre) se haga con el poder en el departamento y acabe de hundir a esta tierra ya malherida.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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