viernes 17 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Simón José Ortiz

El riesgo de los guapos

Los problemas de los pueblos turísticamente hiper-explotados son bien conocidos. Por un lado, la población local suele verse desplazada por la gentrificación y en función del mercado su identidad cultural corre el riesgo de volverse una caricatura. Por el otro, se pueden causar graves e irreversibles daños al medio ambiente, degradando ecosistemas que no cuentan con la debida protección, y no siempre por falta de voluntad sino también por ausencia de capacidad y recursos. A su vez, la desmedida explotación turística de los lugares puede congestionar los espacios cotidianos, resultando en un aumento del tráfico y el ruido así como en la contaminación del aire, todo lo cual incide negativamente en la calidad de vida de sus pobladores.

Este año, la Organización Mundial del Turismo reconoció a dos pueblos colombianos como los mejores destinos turísticos rurales del mundo: Zapatoca, Santander, y Filandia, Quindío. Reconocidos como Best Tourism Villages 2023, estos pueblos recibieron elogios por su riqueza cultural y sus atractivos naturales. Como era de esperarse, las autoridades locales reaccionaron expresando su satisfacción (por cierto, el alcalde de Zapatoca entrega uno de los pueblos «más hermosos» del país en pésimo estado), mientras que las autoridades nacionales destacaron la contribución del turismo al desarrollo y el bienestar de estos dos municipios, comprometiéndose a apoyar más decididamente a santandereanos y quindianos.

A nuestro parecer, el reconocimiento nacional e internacional de Zapatoca llega un poco tarde. Hace mucho se sabía que ese lugar tenía algo especial. Ahora bien, tal galardón solo servirá si simultáneamente se implementan medidas que protejan al pueblo mismo de su celebridad. Entre otras cosas, es crucial dignificar y respaldar a los que sacaron a Zapatoca adelante, los campesinos, quienes hoy en día se ven obligados a llevar sus productos por unas carreteras imposibles. Asimismo, hay que salvaguardar los espacios naturales circundantes y adoptar medidas que eviten el deterioro que el alto número de visitantes causa. Y para abordar la congestión se pueden implementar políticas que restrinjan (para los turistas) el estacionamiento dentro del pueblo durante los fines de semana, promoviendo áreas externas para parquear como la zona de la antigua plaza de toros.

Este reconocimiento, que hoy celebramos, debe dar lugar a una serie de acciones concretas y sostenibles que garanticen el equilibrio entre el turismo y el bienestar de la comunidad local antes de que, por su justa fama, el pueblo se deteriore (más).

simon.ortizp@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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