viernes 23 de junio de 2023 - 12:00 AM

Simón José Ortiz

La guerra más inútil del mundo

En los últimos años ha habido un cambio significativo en la percepción y la legislación en torno a la marihuana. La legalización del comercio de esta planta ha dejado de ser un tema tabú y se ha convertido en un asunto de debate serio en la agenda pública.

Más allá de la moralina con la que algunos políticos y periodistas abordan la cuestión (alguien, para que vean el nivel intelectual de nuestro país, llegó a decir que la marihuana era la puerta de entrada al fentanilo), es importante analizar los beneficios económicos, tributarios y políticos que se derivan de la legalización del mercado del cannabis.

En primer lugar, el establecimiento de un mercado legal genera una nueva industria que impulsa el crecimiento económico y promueve ampliamente la creación de nuevos empleos. Desde la producción y el cultivo hasta la distribución y la venta, se generan oportunidades de negocio para emprendedores y agricultores, así como para toda una serie de prestadores de servicios, desde transportadores hasta empresas de publicidad o de seguridad.

Otro beneficio importante es, desde luego, la recaudación de impuestos. Al legalizar la marihuana los gobiernos pueden aplicar impuestos a su producción y venta, generando ingresos fiscales sustanciales que pueden destinarse a programas de educación, prevención y tratamiento de adicciones, así como a inversiones en infraestructura estratégica.

La legalización de la marihuana, además, sí tiene un impacto real en la hasta ahora ineficaz lucha contra el narcotráfico en la que Colombia ha perdido tanto tiempo y vidas. Al quitarles a los narcos un mercado que controlan a sangre y fuego, se debilita su poder y se reducen sus ganancias. La legalización convierte el negocio de la producción y distribución de marihuana en uno regulado y controlado por el Estado, lo que, por lo mismo, desmantela parte de la estructuras financieras criminales.

Por último, no hay que olvidar que legalizando la marihuana se liberan recursos policiales y judiciales que actualmente se malgastan persiguiendo el tráfico de una planta que, aunque dañina lo es mucho menos que el acohol (a esto apunta el valioso estudio comparativo entre consumo de acohol, marihuana y tabaco adelantado por Dirk Lachenmeier y Jürgen Rehm y publicado en el Scientific Reports en 2015). Estos recursos, en el escenario de la legalización, pueden ser redirigidos, ahora sí, hacia la lucha contra delitos realmente graves y peligrosos.

simon.ortizp@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad