viernes 03 de noviembre de 2023 - 12:00 AM

Simón José Ortiz

La sangre que lucra

En el oscuro telón de fondo de los conflictos armados una industria silenciosa sonríe y prospera a expensas de la muerte: la industria armamentística. En un mundo donde la paz es una ilusión frágil, esta industria encuentra su estabilidad en el surgimiento de nuevos conflictos y en la perpetuación de los antiguos. Con cara gana, con sello también.

Revisando cifras puede uno hacerse a la idea de la magnitud de sus negocios. Durante los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, uno de los más beneficiados con el conflicto fue nada más y nada menos que Estados Unidos. En efecto, los estadounidenses estaban felices viendo cómo los europeos se mataban y cómo, para matarse mejor, se gastaban 50.000 millones de dólares en armamento estadounidense, disparando hasta la estratosfera la economía del país norteamericano.

A su vez, después de la Guerra del Golfo, las ventas de armas de Estados Unidos a terceros países aumentaron un 300%, y la guerra de Irak les dejó nada más que 100.000 millones de dólares a los señores de la guerra. Por su parte, el conflicto en Ucrania ha llevado a un aumento de las ventas de armas a ese país por parte de Estados Unidos, Francia y Alemania, lo que ha llenado las arcas de países aparentemente «pacifistas» en apenas año y medio.

La dimensión poética de la guerra se perdió desde el mismo momento en el que ella se volvió negocio, cosa que, por lo demás, no le ha sido ajena a la literatura misma. Difícilmente se podría hacer hoy un poema hermoso que cante la cólera homicida de un guerrero, como en la Iliada, pero sí resulta fácil retratar el tragicómico cinismo de un vendedor de armas, como hizo Bernard Shaw en 1905.

En su Major Barbara, Shaw dibuja a un personaje harto interesante, Andrew Underschaft, un gran industrial de la guerra para el que la moral solo vale en la medida en la que en ella quepan bombas y torpedos. Los gobernantes, nos dice, le obedecen y, cuando sus finanzas van mal, convierten servilmente sus asuntos en un tema de «seguridad nacional». En el papel, personajes como Underschaft llegan a deleitar y sosprender, pero en la vida real hay hombres como este que brindan con champaña mientras en Ucrania o Gaza se cometen crímenes contra la humanidad. Es la sangre que lucra.

simon.ortizp@gmail.com

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
Otras columnas
Publicidad
Publicidad
Publicidad