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Simón José Ortiz
Jueves 11 de enero de 2024 - 12:00 PM

Para escucharlos mejor

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Los pájaros son animales dotados de una asombrosa capacidad de superviviencia y una descomunal inteligencia. Desde la habilidad de algunas aves para usar herramientas hasta ese misterioso «sentido», la magnetorrecepción, que les permite atravesar vastas distancias y mantener rutas migratorias precisas incluso en condiciones climáticas adversas, los pájaros no dejan de sorprender a expertos y aficionados.

Asimismo, el lenguaje complejo de algunos pájaros también está siendo objeto de estudio, arrojando resultados que no solo los redefinen ante nuestros ojos sino que, además, nos redefinen a nosotros mismos. Parece que, además de algunos mamíferos, hay aves con lenguajes complejos en el planeta.

Como lo recoge Jennifer Ackerman, últimamente se han estudiado los trinos y vocalizaciones de los carboneros, concluyéndose que constituyen uno de los sistemas de comunicación más precisos de entre todas las aves, con su propia sintaxis y con una capacidad inusitada para generar un número indeterminado de llamados únicos.

Así, se sabe que los carboneros utilizan ciertos trinos para comunicar su ubicación a otros compañeros o para indicar el descubrimiento de alimento. Otros llamados, a su vez, sirven para alertar sobre la presencia de depredadores, distinguiendo tanto la especie y el tamaño como la magnitud de la amenaza.

Por ejemplo, un suave «siiit» en tono agudo o un nítido «si-si-si» indican un peligro en el aire, mientras que el distintivo «chicadi-di-di» señala la presencia de un depredador en reposo, como un ave rapaz posada en un árbol. La cantidad de «dis» incluidos en el sufijo de estas vocalizaciones indica el tamaño del depredador y, por ende, el grado de amenaza.

Érik Sablé cuenta que los antiguos egipcios practicaban algo que llamaban el «pesaje de las almas». Cuando alguien moría se usaba una balanza con dos platillos, en uno de los cuales se colocaba el corazón del difunto mientras que en el otro se ponía una pluma de la diosa Maât.

Si el corazón pesaba más que la pluma se creía que al alma del difunto se le dificultaría emprender el vuelo hacia el otro mundo. Por esta razón, durante su vida el individuo había de esforzarse por adquirir la ligereza de los pájaros, emulándolos en su libertad y en su falta de ataduras.

Hoy sabemos que no solo haría falta imitarlos en su conocida ligereza sino también en esa recién descubierta inteligencia. Vivir, pero, siempre, con levedad. Vivir, pero, siempre, con aquel sutil y alado ingenio.

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