domingo 24 de febrero de 2019 - 12:00 AM

El Escobar que llevamos dentro

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“Hay una generación que no padeció los hechos y tienen una versión tergiversada de quiénes fueron los protagonistas: fueron las víctimas los verdaderos héroes”: Jorge Franco, escritor.

Esa generación es la que está viendo la historia colombiana en formato de serie, en películas, en libros y en toda suerte de propuestas, para las que las víctimas fueron algo anecdótico y los protagonistas son los victimarios, los nuevos dioses del consumo y del culto.

Hubo gran discusión en Medellín, a propósito de la implosión del edificio Mónaco, donde vivió Pablo Escobar con su familia. Independiente de la polémica, el lugar se había vuelto de culto y una parada obligada para el turismo extranjero. La miseria humana vende.

Los padres y abuelos de esa generación que hoy goza de mucha más tranquilidad, eran los que vivían en zozobra permanente porque no sabían dónde iba a estallar la nueva bomba, de la cual podrían ser víctimas. Para esas dos generaciones no hubo un solo día tranquilo, porque siempre había algo más trágico que superaba al hecho anterior.

¿Quién está protagonizando la historia reciente colombiana? Los victimarios. Esas son las vidas que están siendo honradas desde hace varios años.

Entre 1983 y 1994, se calcula que el negocio, la guerra de Escobar, produjo 46.612 muertes violentas y su negocio ilegal estaba calculado al momento de su muerte en 1993, en un patrimonio neto de 1 mil millones de dólares.

Pero no es solo lo que hizo Escobar como individuo, sino cómo su “negocio” se volvió una forma de vida para miles de colombianos, (aún persiste, no nos digamos mentiras) en un estigma para quienes aquí nacimos y en un referente al cual quisieron (y quieren) parecerse muchos, para los que esforzarse trabajando honradamente por tener buenas condiciones de vida, no es buen plan. Hay que hacerlo rápido.

Por eso es que, ante un corrupto, hay quienes dicen “roba, pero por lo menos hace algo”. Por eso, también, es que a la tumba de Escobar nunca le faltan flores, porque mató sí, pero al decir de muchos, compartió su riqueza (construyó barrios, canchas, etc.). Todo manchado de sangre.

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