domingo 03 de marzo de 2019 - 12:00 AM

La democracia cuesta (pero ¿tanto?)

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La austeridad es un bien más bien escaso en tierra de la política en Colombia. Las gabelas las seguimos aceptando como sonsos; los que las gozan no serían del todo responsables, se dirá.

Antes de partir, el anterior Gobierno dejó varios regalos, uno fue restituir los pagos extras a los congresistas, ya de por sí bien pagos y con retroactividad al 2013. Con lo que el salario de nuestros 272 honorables, supera los 31 millones mensuales, por sesionar 64 días al año.

Súmele a lo anterior que le subsidian minutos a celular (unas fuentes dicen que son 900, otras que 2 mil minutos). Pueden tener hasta 10 asesores, 1 carro blindado y el acompañamiento de un miembro de la Policía. Los impuestos no los pagan como el resto de los mortales, porque no es sobre todo su salario, sino sobre $5 millones 816 mil.

En contraposición, la actividad austera del parlamento sueco es evidente. Cundinamarca no es Dinamarca, dicen los conformistas. La diferencia es que allá (en Suecia), los 349 diputados (el equivalente a nuestros congresistas) sí son considerados ciudadanos comunes.

El único que tiene vehículo oficial en ese país es el Primer Ministro; cada congresista debe pagar por la comida que consume cuando está trabajando. El salario es de 7.200 dólares al mes, pero luego de impuestos les quedan 4.300, algo así como 12 millones 900 mil pesos colombianos. Si deben viajar al exterior, solo pueden recibir algo así como 13 millones 500 mil pesos colombianos en los 4 años de ejercicio. Y son tan estrictos en las cuentas, que, si alguna comida o el hotel les sale gratis en el exterior, no le pagan el viático correspondiente.

Los diputados suecos tampoco tienen inmunidad parlamentaria ni pensión vitalicia. Al retirarse del parlamento, les pagan durante dos años el 85% del salario, si no han conseguido empleo, pero tienen que justificar que han hecho lo posible por ganarse el pan con su trabajo, no con los impuestos de los ciudadanos.

Bacano ¿no? Aquí ni siquiera hemos sido capaces de pedirles cuentas por sus actuaciones en el Congreso. Dudo que algún congresista criollo muera de ganas por hacer parte del parlamento sueco.

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