lunes 04 de julio de 2022 - 12:00 AM

¿Una izquierda 2.0 en América latina?

América Latina en su historia política reciente ha tenido comportamientos pendulares; ha pasado de gobiernos de orientación de centro-izquierda a otros de centro-derecha –en algunos momentos hubo gobiernos fuertemente autoritarios, como los inspirados en la ‘doctrina de seguridad nacional’-. Pareciera que la ’alternación’ como una característica de las democracias ha tenido esa particular expresión en la región. Colombia había sido un poco la excepción, en la medida en que las elites habían mantenido unas estables coaliciones políticas –cuya mejor expresión lo fue el llamado Frente Nacional- y que hubo un largo y cerrero conflicto armado interno con diversidad de insurgencias y esa había sido una de las causas para que no hubiera podido desarrollarse una izquierda política legal sólida, se había mantenido aparentemente al margen de ese comportamiento pendular. Por ello en ese ciclo de gobiernos de centro-izquierda o progresistas de la primera década del Siglo XXI, fuertemente marcados por la presencia del caudillo venezolano Hugo Chávez y su llamado ‘Socialismo del Siglo XXI’ – con la diversidad de expresiones que tuvo ese discurso en países como Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc.-, con un alto protagonismo del petróleo venezolano, Colombia siguió teniendo gobiernos de centro-derecha concentrados en la tarea de intentar derrotar la insurgencia guerrillera e impedir la consolidación de una izquierda política con el miedo al ‘castro-chavismo’ o al denominado ‘socialismo del siglo XXI’.

Esta nueva oleada de gobiernos de centro-izquierda, teniendo como referente de su acción como la tienen todos los gobiernos o movimientos que se reclaman de centro-izquierda, la orientación de sus políticas públicas para buscar disminuir al máximo las odiosas brechas sociales, sin embargo pretenden hacerlo es desarrollando el capitalismo, pero acudiendo a darle un nuevo protagonismo al Estado como dinamizador, promotor –emprendedor lo denominan algunas analistas-, en una especie de neokeynesianismo y orientando las políticas sociales en una perspectiva redistribuidora buscando que las mismas beneficien a los excluidos históricos y recientes, pero manteniendo unas relaciones armoniosas con los Estados Unidos y demás centros de poder global, dentro de un reconocimiento al mundo multipolar contemporáneo y al tiempo tratando de recuperar y potenciar las instancias de coordinación e integración autónomas de los gobiernos de la región, con énfasis en estimular y participar en procesos de transiciones energéticas –en esto hay que reconocer que el Presidente electo colombiano Gustavo Petro ha sido un diligente líder-, teniendo un respeto por la institucionalidad propia de las democracias liberales –la tridivisión de poderes, los derechos humanos de toda(o)s, el respeto a la oposición- y en especial un respeto con las Fuerzas Militares y de Policía, por supuesto bajo el presupuesto universalmente aceptado de la subordinación de las mismas a la orientación y conducción de los gobernantes civiles democráticamente electos.

La gran expectativa en la región y seguramente a nivel global es en qué medida estos nuevos gobiernos de centro-izquierda o progresistas logran conseguir sus objetivos.

Alejo Vargas
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