sábado 21 de agosto de 2021 - 12:00 AM

Corrupción sin fin

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Columna de
Victor Castillo

Los principales problemas de América Latina y en especial de Colombia son la corrupción y el narcotráfico, que durante más de cuatro décadas han generado la cultura del dinero fácil. Cada vez es más escaso el compromiso de trabajar honestamente toda la vida para acumular un capital que permita tener una vida tranquila en la vejez. Desafortunadamente los códigos de honestidad y transparencia de generaciones anteriores, para las cuales era motivo de orgullo ganar el dinero con el sudor de la frente, ya no están vigentes.

Cada día nos encontramos con nuevos escándalos. Repasamos y encontramos por ejemplo el tan sonado caso de Odebrecht en el que altos funcionarios del Estado recibieron sobornos para adjudicar contratos a una compañía brasilera para el desarrollo de obras millonarias.

Ahora el escándalo es por cuenta de una licitación del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (MinTIC) para llevarle conectividad a más de 7.000 instituciones de educación pública. En forma descarada, un consorcio denominado Centros Poblados falsificó documentos como avales bancarios, pólizas y firmas de representantes legales para timar al Estado en más de 70.000 millones de pesos.

No se entiende cómo este consorcio conformado por empresas de construcción de obras públicas, especialmente viales, licita una obra de conectividad. Las empresas consorciadas tienen contratos por más de 8 billones de pesos con el Estado, y no les es suficiente. Deja mucho que desear el actuar de la ministra Karen Abudinen, que ante una licitación de 1.1 billón de pesos no extremó todos los controles. A pesar de sus explicaciones y argumentos en los que pone la lupa sobre los interventores y las firmas expertas en evaluar los avales bancarios, ella es responsable y como tal debe asumir los costos políticos de esta situación. A su vez, los timadores deben recibir todo el peso de la ley.

Para Colombia es muy grave que precisamente en el actual momento surja un escándalo de esta magnitud. Pero no todo es malo en este país. Quiero resaltar la extraordinaria iniciativa de un coterráneo, el ingeniero Jesús Rodrigo Fernández, quien cansado de este tipo de conductas, puso en marcha una quijotesca iniciativa, con la astucia criolla, al estilo de Sherlock Holmes, de revisar todas las licitaciones públicas publicadas en el Secop I y II para encontrar fraudes al Estado. Emprendimientos como estos son los que necesitamos. Se destaca también el trabajo de muchos años del Comité de Transparencia de la CCB, el cual ha venido advirtiendo sobre maniobras en muchas de las contrataciones para apropiarse de nuestros dineros públicos. Desafortunadamente en la mayoría de los casos estas denuncias quedan en manos de entes de control que, en algunos casos por funcionarios corruptos, no toman las medidas pertinentes para defender las arcas del Estado.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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