sábado 11 de julio de 2020 - 12:00 AM

La tragedia de Pueblo Viejo

Tragedias como la vivida en Pueblo Viejo seguirán ocurriendo si el Estado no le ofrece a la población las oportunidades reales de mejorar su calidad de vida
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Columna de
Victor Castillo

El accidente ocurrido en Pueblo Viejo, Magdalena, debe ser motivo de reflexión del porqué de este comportamiento humano totalmente contrario a la “lógica”. Al conocer del volcamiento de un camión cisterna, con miles de galones de gasolina, llegan cientos de personas a sustraer el combustible arriesgando su vida, mientras otros tratan de desmantelar el vehículo y robar la batería, que seguramente fue la causante de la chispa que generó la tragedia.

Esta situación irresponsable al final traerá como resultado la muerte desafortunada de decenas de personas con quemaduras de tercer grado y en extensión superior al 80% de la superficie corporal, para quienes la posibilidad de sobrevivir es cercana a cero. Empeora la situación el hecho de que muchos de los pacientes son positivos para coronavirus.

Este comportamiento nos recuerda la piratería inglesa. Es conocido que cuando vehículos de carga y pasajeros se accidentan en las vías colombianas, especialmente en la costa, las personas no llegan a ayudar a los heridos, sino a sustraer lo que sirva. La situación social de Pueblo Viejo es dramática. Una población que vivía ancestralmente de la pesca en la Ciénaga Grande de Santa Marta se vio afectada por el desastre ambiental producido hace muchos años al construir la carretera entre Ciénaga y Barranquilla, que tapó la comunicación con el mar y mató a la ciénaga, su ecosistema y las oportunidades de trabajo en la zona. Como muchas veces ocurre, el Estado jamás se preocupó por darle solución al daño que les creó. Sus habitantes viven en la pobreza extrema en medio de la riqueza de la naturaleza, y en especial de la explotación minera de las grandes carboneras. Millones de toneladas de carbón salen por sus costas, mientras la población cada día es más pobre. El país los obligó a sobrevivir de los negocios ilícitos, siendo usual la venta de gasolina en pimpinas, la mitad robada y la otra traída de contrabando por Venezuela.

Este infortunado accidente se presentó en una población sin opción de vida diferente y en una zona que sufre fuertemente los estragos de la corrupción, que cada año nos quita $50 billones a los colombianos, según la Contraloría. En el Magdalena, actualmente la Fiscalía investiga por presuntas irregularidades en contratos de la salud a los exalcaldes de Santa Marta: Rafael Martínez (2016-2019) y Carlos Caicedo (2012 y 2015), hoy gobernador de ese departamento. Tragedias como la vivida en Pueblo Viejo seguirán ocurriendo si el Estado no le ofrece a la población las oportunidades reales de mejorar su calidad de vida con base en educación y generación empleo digno, anhelo que solo se logrará cuando se erradique la corrupción enquistada en la sociedad y especialmente en la clase política y dirigente de este país.

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