viernes 28 de octubre de 2022 - 12:00 AM

Alfabetización

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Columna de
Víctor Solano

Los medios siguen teniendo una muy importante influencia en la sociedad. Por supuesto, hoy en día no es la misma que pudieron tener a mediados del siglo pasado cuando lo que aparecía en radio era la inmediatez; lo que aparecía en la televisión era creíble en esa tradición tomasina de ‘ver para creer’ y lo que aparecía en un periódico era legítimo y eterno.

Desde hace unos años, con Internet, la presencia todopoderosa de los demás medios se fue dilatando y la convergencia se convirtió en la competencia más importante en la producción y entrega de contenidos para las audiencias. No obstante, no todo ha sido color de rosa. Con la aparición de las redes sociales, la voz pasó a las audiencias que se convirtieron en productoras de contenidos y cualquier ciudadano puede tener un alcance similar y a veces, superior al de los medios tradicionales.

Pero que todos tengan voz no es necesariamente mejor. Los manipuladores aprehendieron estas herramientas e hicieron de la democracia digital, el camino allanado para distribuir desinformaciones y mentiras. Las noticias falsas convirtieron a WhatsApp se convirtieron en el canal ideal para distribuir rumores y mentiras.

Los medios de comunicación informan, educan y entretienen en diferentes porcentajes dependiendo de su propuesta de valor. El entretenimiento es un formato no solo válido, sino hasta necesario cómo válvula para regular las tensiones en la sociedad pero nada justifica la banalización de la verdad y mucho menos, la sustitución de la misma si sigue vestida de información. Por eso a los medios les asiste la responsabilidad de no confundir a las audiencias por error y les es totalmente proscrito hacerlo con dolo.

Del 24 al 31 de octubre, la UNESCO celebra la Semana Mundial de Alfabetización Mediática e Informacional para hacer evidente la necesidad de cuidar la información como un activo para la construcción de ciudadanía. Ojalá tengamos algún día una cátedra de lectura crítica de los medios para que las nuevas generaciones aprendan desde la primera infancia a leer los subtextos de los medios, sus intereses y a no tragar entero.

Una mentira transmitida o publicada por un medio no es un error, es un proyectil.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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