jueves 30 de julio de 2020 - 12:00 AM

Desarrollo con o sin pandemia

Si bien es cierto que mitigar los efectos del COVID-19 es muy urgente no puede ser lo único en las agendas públicas.
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Columna de
Víctor Solano

En la primera semana de enero en todo el país, los orondos nuevos alcaldes y gobernadores tomaban posesión de sus cargos, algunos de ellos en actos que parecían rituales de entronización por la pompa y boato desplegado. Lo sentían como un merecido homenaje a sí mismos luego de una muy dura campaña electoral. Esa misma semana o a la siguiente estaban preparándose para radicar sus planes de desarrollo.

Pero llegó la pandemia e impuso nuevos desafíos porque el escenario cambiaba en materia de prioridades y presupuestos. Los entes territoriales debieron presentar sus nuevos planes de desarrollo el 15 de junio, y las asambleas departamentales y los concejos municipales tuvieron un mes más de plazo.

Colombia tiene que entrar a priorizar las acciones más urgentes, pero no puede olvidar las importantes. Si bien es cierto que mitigar los efectos del COVID-19 es muy urgente no puede ser lo único en las agendas públicas. Ya se ha visto cómo incluso la atención de la pandemia ha servido de excusa a los corruptos para actos como la compra de mercados con sobrecostos a financiadores de campaña, o en la celebración de contratos con empresas recién creadas para objetos totalmente inviables como centros para la atención de adultos mayores en plena cuarentena, entre muchos otros pretextos para desangrar el erario.

Las acciones encaminadas para robustecer la infraestructura de salud pública tienen que hacerse, pero en paralelo desde los gobiernos hay que reactivar las economías en los territorios. La transformación digital en la oferta de bienes y servicios será más indispensable que nunca porque el consumidor y ciudadano avanzó en ese camino.

Varios frentes son indispensables: Las vías terciarias y secundarias como aparato circulatorio del territorio; las cadenas de frío para conectar el campo con la mesa; los mecanismos de financiación a los emprendedores, más los auxilios tributarios; los gobiernos transparentes con datos abiertos y la priorización en formación técnica y tecnológica.

Debemos derrotar esa vocación natural que muchas veces nos invade: El cortoplacismo. Gobernar con inteligencia es pensar a largo plazo aunque eso muchas veces implique que cortar las cintas inaugurales le corresponda a los sucesores.

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