jueves 14 de abril de 2022 - 12:00 AM

La fe que movió una Catedral

Gracias a la Basílica, Socorro vuelve a ofrecer dentro de sus atractivos turísticos a la imponente edificación que es la tercera iglesia más alta de Colombia y la más alta en piedra labrada del país
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Columna de
Víctor Solano

Faltaron solamente seis días para que la Basílica Menor de Nuestra Señora del Socorro cumpliera 22 meses de estar cerrada. El pasado Domingo de Ramos, cientos de feligreses aguardaron ilusionados que las enormes puertas de este templo se abrieran de nuevo. Por fin, 400 de ellos (el 50% del aforo aprobado) pudieron entrar.

Y si bien los católicos fueron los más emocionados con la reapertura, no necesariamente fueron los únicos. Gracias a la Basílica, Socorro vuelve a ofrecer dentro de sus atractivos turísticos a la imponente edificación que es la tercera iglesia más alta de Colombia y la más alta en piedra labrada del país.

Construida durante 81 años, la elegante Basílica tiene 31.000 kilos de mármol de Carrara (Italia) que se embarcó desde Génova hasta Barranquilla en 1950 y luego viajó por vapores a contra corriente por el río grande de la Magdalena hasta Puerto Wilches y de allí por tierra hasta la capital comunera.

Hoy, esta bella edificación que ha sido testigo de innumerables acontecimientos históricos, y cuya silueta aparece en casi todas las piezas promocionales de las instituciones, volvió a abrir luego de que terminara la intervención de ‘primeros auxilios’ para evitar que la iglesia pudiese llegar a colapsar.

El 7 de junio de 2020 publicamos un reportaje en Vanguardia que, evidenciando la gravedad del deterioro, reavivó la discusión que años atrás habían iniciado algunas fuerzas vivas de la sociedad civil y el 16 de junio, la Gobernación de Santander ordenó su cierre preventivo. Luego de varios ‘tire y afloje’ y gracias a la presión mediática se concretó una inversión de 700 millones por parte de la administración departamental.

Quienes hemos insistido con terquedad en su restauración lo hacemos porque reconocemos que su valor no es solo para una religión, sino para todos porque su vitalidad es motor para el desarrollo cultural, social y económico de una región.

Que siga abierta y que la restauración continúe. En esta Semana Santa, si está cerca, aproveche y la visita; aproveche y compruebe que la fe no es solo un tema de religión, sino un estado de terquedad aún más grande que la misma Catedral.

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