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Víctor Solano
Jueves 22 de febrero de 2024 - 12:00 PM

La gobernanza del agua

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Saliendo de las frases cliché como “el agua es vida”, los territorios deben enfocarse en la gobernanza del agua. Si los principales actores le dan la espalda a garantizar la gestión integral del recurso hídrico condenan a sus comunidades a su aniquilación.

En la región que comparten Santander, Antioquia, Boyacá y Norte de Santander, la necesidad de un ‘Acuerdo Regional de la Acción Unificada por el Agua’ se convierte en un imperativo vital. Este pacto debe abordar la gobernanza, el ordenamiento territorial, la sostenibilidad empresarial y la gestión regenerativa del territorio.

El acuerdo, que debería pactarse este 23 de febrero en Bucaramanga por invitación de la Gobernación de Santander y con el concurso del Ministerio de Ambiente, las corporaciones autónomas regionales, los actores sociales, la Academia, las empresas y otros entes territoriales, debe establecer de manera clara y precisa los principios de gobernanza; esto implica definir roles y responsabilidades. Al Estado le corresponde facilitar las relaciones entre todos, en una compresión de los contextos sociales, económicos, culturales y hasta biofísicos. Allí, la participación ciudadana debe ser un pilar fundamental, asegurando que las decisiones reflejen las necesidades y aspiraciones de quienes residen en la región.

El agua y el territorio están entrelazados de manera ineludible. El acuerdo debería tener estrategias para el ordenamiento territorial alrededor del agua, alineándose con las directrices del Plan Nacional de Desarrollo que le dio un protagonismo inédito. Esto implica un enfoque integral que proteja los recursos hídricos y que también promueva el desarrollo sostenible y la equidad social.

Las empresas deben fomentar y ejecutar prácticas empresariales responsables al promover la eficiencia en el uso del agua, la reducción de la huella hídrica y la participación activa en iniciativas de conservación y restauración.

A su vez, la gestión regenerativa del territorio implica ir más allá de la simple conservación. El acuerdo debe abogar por estrategias que restauren y fortalezcan los ecosistemas acuáticos y terrestres. Esto protege el recurso hídrico y contribuye a la resiliencia frente al cambio climático y al bienestar general de la región.

Finalmente, la creación de pactos regionales por el agua es esencial. Estos pactos deben ser foros donde los actores antes mencionados colaboren en la toma de decisiones. La inclusión de todos garantiza una representación equitativa de intereses y conocimientos al crear soluciones más sólidas y consensuadas por la sociedad.

En conclusión, un Acuerdo por el Agua debe ser una declaración conjunta para forjar un futuro sostenible y equitativo.

Por Víctor Solano Franco

@Solano

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