jueves 11 de junio de 2020 - 12:00 AM

Salvemos la Basílica de Socorro

No solo le sirve a los católicos, sino a todos en el sur de Santander por atraer a miles de turistas y, con ello, beneficiar a muchos comercios.
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Columna de
Víctor Solano

¿Es imperioso restaurar la Basílica del Socorro, hoy en riesgo de colapsar? Las opiniones se dividen entre quienes consideran que la Catedral debería caerse y entre quienes afirman que es obligación del Estado proveer todos los recursos para su restauración.

La Basílica es un inmueble de la Diócesis de Socorro y San Gil por lo que es responsable de su mantenimiento y así lo ha hecho, pero con desaciertos como rellenar las fisuras con cemento y pintar por encima. Es como atender un cáncer con maquillaje cuando lo que se requiere es investigar las causas del deterioro e intervenir en una solución para su estructura y sus cimientos.

Por otra parte, se trata de un ‘Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional’ (Ley 1498 de 2011), es un patrimonio de los colombianos y por eso el Estado, aunque laico, tiene la obligación de respaldar su restauración. El Ministerio de Cultura señala que orienta para la restauración, pero no es su obligación realizar la intervención. A pesar de ello en 2010 se realizó un convenio entre MinCultura y la Conferencia Episcopal y allí quedó expreso que la Alcaldía y la Gobernación contribuyan en la gestión de los recursos.

Doy por descartado que se restaure por su valor sentimental, cultural y arquitectónico en el que durante 81 años, tres generaciones contribuyeron a su construcción. Voy a lo más profano: No solo le sirve a los católicos, sino a todos en el sur de Santander por atraer a miles de turistas y, con ello, beneficiar a muchos comercios. Los recursos, que pueden venir de fuentes como impuesto a la telefonía móvil, ley de transferencias o SGR y hasta del Vaticano, tendrían un retorno de inversión en pocos años si se mide el impacto económico en la región.

Muchos ciudadanos, con sobrados antecedentes, temen que esos recursos se pierdan en la maraña de la corrupción, pero que se roben la plata debemos evitarlo con veeduría ciudadana y los organismos de control.

Hoy, distintas fuerzas de la sociedad civil buscan sumar esfuerzos para lograr lo que no hacen las autoridades del orden territorial y gestionar los recursos ante la Nación.

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