viernes 09 de septiembre de 2022 - 12:00 AM

‘Usted no sabe quién soy yo’

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Columna de
Víctor Solano

Una de las peores frases que identifican nuestra colombianidad es esa de “usted no sabe quién soy yo”. Es la demostración más mediocre de nuestras taras sociales cuando se le rinde culto a la egocéntrica superioridad.

Con esa frase todo aquel que quiere imponer su voluntad sobre los otros persigue intimidar al otro y hacerle valer sus presuntos pergaminos o su linaje azul para hacerle sentir que sus ideas, deseos y necesidades priman por encima de las de los demás.

Como sociedad, tristemente hemos hecho un consenso tácito: No queremos ponerlo en papel, pero muchos acuden a esa especie de contrato social de la ‘cultura del atajo’, en el que buscamos sacar provecho de cualquier tipo de ventaja heredada de los ancestros, los contactos, el poder adquisitivo (a veces también del porte de armas) y, en muchos casos, de la suma de todas las anteriores.

Como producto de esto muchos gamonales aspiran llegar al poder, y muchos de ellos, lo logran. Algunos son alcaldes, gobernadores, senadores, ministros y hasta presidentes. Uno de los últimos casos fue el del senador Alex Flórez que en un video ampliamente viralizado se le vio ebrio y embriagado. Ebrio por el alcohol y embriagado por el poder. Ese último es el más corrosivo de los estados de la embriaguez porque quienes lo sienten pueden estar sin ningún rastro etílico, pero el poder les seduce, atrapa y gobierna.

Si una persona común y corriente, como ustedes y como yo, llega a cometer una falta, deberíamos ser objeto de desaprobación social. Por esa misma razón, una figura pública y más si es servidor público, tiene una responsabilidad mayor porque sus acciones tienen una resonancia proporcionalmente mayor. Tanto nosotros los desconocidos como las figuras de poder tenemos que observar una conducta humana, pero siempre en el marco del respeto a los otros, al Estado y a lo público. Todos, aunque desconocidos, somos la vara del ejemplo para alguien, para al menos otra persona y eso debería ser suficiente para pensar lo que hacemos.

Ojalá algún día entendamos que no pierde el que renuncia a un cargo, sino el que renuncia a la dignidad.

Autor
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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