miércoles 13 de noviembre de 2019 - 12:00 AM

17 años después, Bojayá podrá despedir a sus muertos

Esta semana estos muertos, símbolo claro de la barbarie de una época que a veces los colombianos parecemos olvidar, encontrarán por fin un lugar para descansar en paz.
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en la mañana del pasado lunes, un helicóptero de Naciones Unidas despegó desde Medellín hacía Vigía del Fuerte (Chocó), con 79 cofres mortuorios, marrones y blancos, que contenían los restos de las 79 víctimas de la masacre de Bojayá (Chocó). Casi la mitad de ellos eran niños. Los restos de estas víctimas fueron entregados a sus familiares, y tras una semana en las que se celebrarán rituales mortuorios propios de la cultura afro, serán por fin sepultados con una identidad el próximo domingo. Tuvieron que pasar 17 años, para que los muertos de Bojayá pudieran ser enterrados por sus familiares.

El 2 de mayo del 2002, ocurrió la peor tragedia con víctimas civiles en la guerra que durante décadas libraron paramilitares y la guerrilla de las Farc. Ese día, los habitantes de ese humilde poblado del Chocó corrieron a refugiarse en la iglesia de San Pablo Apóstol de Bellavista. El pueblo había sido tomado por el bloque Élmer Arenas de las Autodefensas Unidas de Colombia, que lo había convertido en su escudo humano.

Tras varios días de combate entre las Farc y las AUC, los pobladores corrieron a la iglesia buscando refugio de las balas y explosivos que venían de parte y parte. Sobre las 10:45 de la mañana, miembros del bloque José María Córdoba de las Farc lanzaron un cilindro bomba que entró por el techo de la iglesia y explotó en el altar. El resultado de este ataque sigue en la memoria de los colombianos como una de las peores infamias de la guerra. La imagen del Cristo que estaba en el altar completamente mutilado se convirtió en el símbolo de esta barbarie.

El estado en que quedaron las víctimas fue tal, que aún hoy no existe una cifra exacta de cuántas personas murieron como consecuencia de este ataque de las Farc y los combates con las AUC que se libraron por días en Bojayá. Se habla de entre 74 y 119 víctimas. Medicina Legal pudo identificar 79 cuerpos que quedaron en la iglesia de Bellavista, 5 en Vigía del Fuerte y 7 en Napipí, todos pobladores que quedaron en medio del fuego cruzado.

Los cuerpos de estas personas quedaron tirados en el lugar de los ataques durante varios días y, finalmente, los pobladores enterraron en una fosa común a los muertos, pues el Estado nunca llegó. Y así, enterrados sin identidad permanecieron durante 14 años, hasta que en el 2016, tras los diálogos de paz de La Habana, inició su proceso de exhumación e identificación.

Esta semana estos muertos, símbolo claro de la barbarie de una época que a veces los colombianos parecemos olvidar, encontrarán por fin un lugar para descansar en paz. Sus familiares podrán visitar una tumba, aunque hayan sido años en los que han llorado a sus muertos. Y los colombianos tenemos la obligación de recordarlos para nunca jamás volver atrás y repetir lo que llegó a ser este país cuando parecía no tener esperanza.

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