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Editorial
Lunes 31 de enero de 2011 - 05:30 PM

Los dictadores consentidos

Esa nación protesta ininterrumpidamente y hace importantes esfuerzos para derrocar al dictador Hosni Mubarak, quien durante 30 años no solo ha violado sistemáticamente los derechos fundamentales de sus compatriotas, sino que había anunciado sin pudor alguno que sería reemplazado por su hijo

Publicado por: Redacción editorial

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La caída del gobierno dictatorial tunecino encabezado por Ben Alí, literalmente expulsado por su pueblo que exigía un sistema democrático, ha generado ondas repercusiones que ya llegaron a Egipto.

En esa nación, la ciudadanía también protesta ininterrumpidamente y hace importantes esfuerzos para derrocar al dictador Hosni Mubarak, quien durante 30 años no solo ha violado sistemáticamente los derechos fundamentales de sus compatriotas, sino que había anunciado sin pudor alguno que sería reemplazado por su hijo.

Las revoluciones de esos dos países árabes, podrían no suscitar mayor interés en estas latitudes suramericanas, tan enredadas en problemas de otra índole.

Pero sí lo despiertan.

Y lo despiertan, porque sirven para poner una vez más sobre la mesa un tema bastante vergonzoso, más allá de que el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela emule cada vez más a sus pésimos ejemplos del medio Oriente.

Los sucesos en Túnez y Egipto, son el más reciente llamado a muchas potencias occidentales para que sean más consistentes entre lo que predican y lo que aplican. Para que desarrollen una consonancia entre su discurso de apoyo a los valores como la libertad individual y la democracia por un lado, pero seguidamente no sigan respaldando a los dictadores en ejercicio por motivos económicos y los acojan en su seno una vez caen en desgracia.

En otras palabras, esta situación sirve no solo para hacer un breve recuento de las facilidades con las que han contado históricamente los tiranos de todas partes del mundo que una vez derrocados, han podido vivir y gozar de sus fortunas obtenidas gracias a la represión y al hurto desvergonzado. También es útil para recordarles a esos países que no solo deberían rechazarlos, sino procesarlos por robo consumado y sobre todo, por violar los derechos humanos.

Los largos y cómodos años que residió Jean Claude Duvalier en Francia disfrutando su riqueza y quien de hecho se sintió ahora con el suficiente poder como para regresar a Haití; Alfredo Strossner, dictador paraguayo asilado en Brasil y Alberto Fujimori, quien en un principio fue acogido en Japón, son apenas tres integrantes de una larguísima lista de equivocaciones e inobservancias de muchos países que dicen pregonar unos valores pero defienden a quienes los atropellan.

La ola democrática y modernista que se abre paso en algunos países árabes, es una nueva realidad que exige una revisión pero sobre todo un accionar a conciencia de su contraparte en Occidente.

Publicado por: Redacción editorial

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