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Editorial
Jueves 03 de febrero de 2011 - 06:17 PM

El relajo en las cárceles

Lo que deben hacer los directores de las cárceles es cumplir con las normas, reglamentos y procedimientos fijados para que dentro de poco, diluido el alboroto, no vuelva a campear la laxitud en las cárceles. Allí hay relajo por fallas de los directores.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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Como consecuencia de los hechos ocurridos en el pabellón sur (donde están recluidos los políticos acusados de delitos relacionados con el paramilitarismo) de la cárcel La Picota de Bogotá, el problema penitenciario volvió a cabalgar sobre la cresta de la ola de las noticias y la opinión pública nuevamente se enteró de que en los centros de reclusión hay privilegios inexplicables y, de contera, hay reclusos que hacen uso abusivo de ellos.

Hace pocas semanas la comidilla fueron los relajos que ocurrían en el asentamiento militar de Tolemaida, donde están recluidos militares y ex militares privados de la libertad. Esta vez el problema es la laxitud con la que en otra cárcel son tratados los políticos sindicados de delitos comunes. ¿Cuál será el detonante del próximo escándalo noticioso en los centros de reclusión?

Otra vez, como siempre ocurre, altos funcionarios del Estado anunciaron -a través de los medios de comunicación- drásticas medidas disciplinarias y una rígida reforma del sistema carcelario. Desafortunadamente el país es consciente de que a poco andar todo volverá a ser como antes, ya que el tráfico de influencias y los largos y múltiples brazos de la corrupción tienen mucha contundencia y presencia en tan espinoso tema. ¿O cómo se entiende que en sólo un mes ocurran semejantes relajos en dos centros de reclusión?

Es cierto que el manejo de las cárceles es un asunto complicado en el que hay muchos intereses creados, presiones de los casi 35 sindicatos que en el Inpec hay, falta de compromiso de funcionarios carcelarios, habilidad abusiva y dinero a porrones de algunos de los presos, problemas todos que cada vez son más musculosos y complejos, unidos a la fatal determinación de abolir el Ministerio de Justicia que permitió que al ser dirigido el sistema penitenciario por funcionarios de segundo y tercer nivel, las malas costumbres tomaran más impulso.

Casos como el de Tolemaida y los relajos ‘armados’ en las visitas, celebraciones de cumpleaños, etc., en La Picota, demuestran que en la crisis el factor humano es protagonista de primer orden. Si en las cárceles hubiera severos directores y funcionarios, control draconiano sobre éstos, no ocurrirían francachelas como las de los ex militares en Tolemaida, ni fiestas y carrusel de cupos de visitas como las de La Picota.

Para corregir tales yerros no se necesitan reformas al régimen carcelario. Lo que deben hacer los directores de las cárceles es cumplir con las normas, reglamentos y procedimientos fijados para que dentro de poco, diluido el alboroto, no vuelva a campear la laxitud en las cárceles. Allí hay relajo por fallas de los directores.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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