Publicidad

Editorial
Viernes 04 de febrero de 2011 - 06:03 PM

En torno a la economía subterránea

Quienes ingresan al universo de la economía informal difícilmente regresan a la formal y sus hijos culturalmente adquieren tal modus vivendi como su fuente de sustento, siendo el motor para que por lo menos dos generaciones se pierdan para la economía formal

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

Compartir

Uno de los más graves problemas sociales, económicos y fiscales que tiene Bucaramanga y en torno al cual poco o nada se debate, es el que gira alrededor del amplio número de personas que estando en edad productiva derivan su sustento de la economía subterránea o informal, esa a la que coloquialmente se le conoce como subempleo.

Esta tiene un amplio universo que abarca ventas ambulantes, ventas estacionarias en vías y espacios públicos, el mototaxismo, los taxis "piratas", la venta de productos perecederos y legumbres que transitan por barrios residenciales, la venta de minutos de celular, los "dueños" del parqueo en cuadras enteras, las ventas callejeras de comida y viandas y un muy largo etcétera.

El número de habitantes de Bucara-manga y los municipios que conforman su Área Metropolitana que se dedica a tales actividades para obtener su sustento es muy amplio, demasiado.

La respuesta de la comunidad frente a tan delicado hecho es inquietante por su indiferencia condensada en expresiones tales como "es algo imposible de solucionar", "es consecuencia del modelo económico", "¿de qué más van a vivir?", "es mejor que estén en esa actividad que haciendo cosas indebidas", etc.

La economía informal tiene graves y prolongadas consecuencias. Castiga a los sectores normales de la actividad económica pues como quienes la conforman no pagan impuestos, el sector formal de la economía debe asumir tales costos, invade vías y espacios públicos entorpeciendo la movilidad ciudadana, es agente impulsor de indisciplina cívica ya que por su naturaleza genera agresividad y egoísmo ciudadano, vuelve desaseados los sitios donde abunda, deteriora la calidad de vida de la ciudad ya que vuelve normal el irrespetar reglas de convivencia tales como las normas de tráfico automotor, el respeto y tolerancia a sus semejantes, etc...

Quienes ingresan al universo de la economía informal difícilmente regresan a la formal y sus hijos culturalmente adquieren tal modus vivendi como su fuente de sustento, siendo el motor para que por lo menos dos generaciones se pierdan para la economía formal atrofiándose prolongadamente el mejoramiento social, pues cada generación dedicada a la economía informal arrastra tras de sí por lo menos a otra generación, o sea, es un problema social para 40 o más años.

Es necesario que la academia, los estudiosos, los analistas, los investigadores, no solo se dediquen al estudio de los hechos que provocan la economía informal o subterránea, sino que propongan ideas y vías atinadas para la solución de tal subproducto del desarrollo económico. Y eso en Santander –desafortunadamente- no se hace. Ese es un desafío que no puede seguir esquivando nuestra comunidad.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día