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Editorial
Sábado 14 de mayo de 2011 - 05:42 PM

Una infraestructura de país africano

Este invierno simplemente se ha encargado de desnudar y exponer ante la nación entera que en materia de carreteras, acueductos, alcantarillados, canalización de ríos, puertos marítimos, ferrocarriles, puentes y un larguísimo etcétera, el país más se parece a una nación africana que a sus pares de la región.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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Varios analistas económicos, un sinnúmero de empresarios nacionales y como era de espe-rarse, el Gobierno Nacional, no se cansan de decirlo. De hecho, algunos medios de comunicación internacionales también se han ocupado del tema: el optimismo que existe sobre Colombia en materia económica, el crecimiento que ha mantenido últimamente y las perspectivas de dar un salto hacia el desarrollo en el futuro cercano.
Y quienes así piensan, lo hacen sobre cifras concretas. Una inflación controlada, de un dígito, característica de países industrializados; un manejo de las finanzas estatales medianamente serio, un potencial enorme de recursos naturales por explotar y un sistema legal formal, que le da seguridades a quienes pretenden hacer negocios. Incluso, no se puede negar que la creciente inversión extranjera también ha visto esas alentadoras tendencias y ha actuado acorde a las circunstancias.
Circunstancias que sin embargo, dicen que mientras el país no crezca por encima de un 5% anualmente, no podrá bajar su tasa de desempleo que se mantiene como uno de los grandes lunares que es necesario operar con urgencia.
Pero la pregunta de verdad importante gira en torno a si Colombia realmente puede mantener tasas de crecimiento sostenidas con la nefasta infraestructura que tiene.
Sí. Este invierno simplemente se ha encargado de desnudar y exponer ante la nación entera que en materia de carreteras, acueductos, alcantarillados, canalización de ríos, puertos marítimos, ferrocarriles, puentes y un larguísimo etcétera, el país más se parece a una nación africana que a sus pares de la región.
Es que una economía donde los fletes se triplican en menos de dos meses y ciudades enteras quedan incomunicadas por cuestión de lluvias, los tiempos de espera en el sistema aéreo son eternos por insuficiencia crónica aeroportuaria y el simple desplazamiento en las urbes implica lapsos tan largos que golpean directamente la productividad del trabajador común, no puede ser competitiva. Y no es necesario ser economista de profesión para deducir que si no es competitiva, su crecimiento de mediano y largo plazo puede verse seriamente comprometido.
Desde hace años, décadas quizá, se sabe que el país necesita hacer un gran esfuerzo para modernizar su infraestructura y ponerla, al menos, al nivel de sus pares latinoamericanos. Tanto el Gobierno como el sector privado necesitan con urgencia emplearse con dedicación y seriedad al tema para plasmarlo en la realidad.
Eso, claro, si la politiquería, la mala calidad de las obras a la que se aficionaron algunos contratistas nacionales y la corrupción, algún día lo permiten.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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