Carros estacionados tranquilamente a ambos lados de las calles; buses que se detienen tres veces en cada cuadra; motocicletas que circulan a 20 kilómetros por hora y por la izquierda; carriles enteros invadidos por taxistas estacionados a la espera de clientes y un larguísimo etcétera, hacen parte de esos obstáculos a la movilidad que los agentes de tránsito dejan multiplicar
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Cumple hoy una semana de haberse inaugurado la nueva movilidad del Pico y Placa y lamentablemente, todos los pronósticos que vaticinaban un nuevo fracaso, se han trasladado a la realidad.
La verdad, no era necesario ser experto en movilidad urbana para hacer la predicción. Ni siquiera ávido en matemáticas, para saber que al aumentar en un 20% la cantidad de vehículos en las calles a las horas de mayor congestión de la mañana y la tarde, se iban a generar trancones monumentales como los que efectivamente se sufren a diario.
La prueba de que la determinación de restringir la cantidad de vehículos en circulación no es la solución para aliviar el caos descomunal en el que se ha convertido el tráfico, quedó una vez más confirmada, aunque por lo visto, a esa conclusión llegan cientos de miles de santandereanos menos el Director de Tránsito y la Alcaldía.
Sí. Ignorando el pésimo ejemplo que ha protagonizado Bogotá en la materia, ciudad donde el Pico y Placa ha probado no ser el camino a seguir porque genera la compra de más automotores, localmente también es la única herramienta con la que se ha insistido en solucionar el problema.
Problema que podría aliviarse de manera significativa, si se echara mano a muchos otros procedimientos que, con un poco de voluntad y un Director de Tránsito realmente comprometido con el tema, lograrían una diferencia significativa.
Es que a pesar de los 10 meses que lleva Julio Enrique Avellaneda Lamus como cabeza de Tránsito en la ciudad, la labor de los alféreces, sus subordinados, para cumplir su responsabilidad principal de velar por la movilidad en la urbe, todavía no se ve por ninguna parte.
Carros estacionados tranquilamente a ambos lados de las calles; buses que se detienen dos y tres veces en cada cuadra a recoger pasajeros; motocicletas que circulan en las vías supuestamente rápidas a 20 kilómetros por hora y por la izquierda; carriles enteros invadidos por taxistas estacionados a la espera de clientes potenciales; demoras de horas para realizar los croquis hasta de los accidentes más sencillos y un larguísimo etcétera, hacen parte de esos obstáculos a la movilidad que los agentes de tránsito dejan multiplicar con total impunidad.
De hecho, otras medidas que tampoco revisten mayor complejidad para su ejecución como la implementación de una velocidad mínima en vías como la autopista a Floridablanca, previa señalización para recordarle a la ciudadanía que los vehículos lentos deben circular solamente por la derecha, también brillan por su ausencia.
La construcción de vías nuevas así como la ampliación de varias de las existentes es condición indispensable para que Bucaramanga no continúe de manera acelerada por su camino hacia convertirse en una ciudad invisible.
Sin embargo, como puede verse en los párrafos anteriores, son muchas las opciones a seguir mientras tanto; opciones que lamentablemente y hay que insistir hasta el cansancio, ni la Dirección de Tránsito ni la Alcaldía quieren reconocer y poner en práctica de manera inmediata, tal vez por el trabajo, la voluntad y el compromiso que requieren para su éxito.









