Pero no por el hecho de callar, el problema desaparece. No, está ahí, es la señal más clara del impacto humanitario que en los países pobres ha tenido el alza de los commodities agrícolas.
Publicado por: Redacción Editorial
Los medios de comunicación, periódicamente, resaltan información sobre la productividad de los países, el crecimiento de su producto interno bruto y otros parámetros para medir aquello que la economía llama desarrollo, pero muy poco o nada se informa sobre el estado del más grave índice que tiene la humanidad: el número de personas en estado de desnutrición.
Hoy, la cantidad de seres humanos que en el mundo están afectados por la desnutrición se acerca a los mil millones, es decir, en tal condición está el 16% de la población mundial, cifra que es alarmante. Esa es la cara dura del estado de cosas actual, que resalta que demasiada gente vive en estado de pobreza absoluta, que el planeta atraviesa una crisis alimentaria y que, por tanto, tales cifras crecerán.
Pero no por el hecho de callar, el problema desaparece. No, está ahí, es la señal más clara del impacto humanitario que en los países pobres ha tenido el alza de los commodities agrícolas.
En el mundo los precios del trigo, del maíz, de la soya, para citar tres productos agrícolas básicos, están muy altos como consecuencia de las malas cosechas, la restricción de las exportaciones, los inventarios bajos, el aumento de la demanda en los países emergentes, el aumento del uso de los biocombustibles en Estados Unidos y en Europa. Y ello hace presión sobre los más vulnerables, forzando a que día a día aumente el número de personas que deben invertir más de la mitad de sus ingresos en comida.
Lo anterior pone de manifiesto que el mundo y la economía -desafortunadamente- no están lidiando con un hecho aislado, ni pasajero y que año a año (por lo menos durante un determinado espacio de tiempo) se mantendrá tal tendencia, la que hará crecer en proporciones sin antecedentes el número de personas en el mundo que viven en la pobreza absoluta, fenómeno que va de la mano de la desnutrición.
Lo anterior, sumado a la crisis económica que viven países de Europa como Grecia, España, Portugal, Irlanda, Islandia, Italia, la crisis de las pensiones en Gran Bretaña, las dificultades económicas que no ha logrado superar Estados Unidos, se convierten en timbres de alarma que deben llamar a la sensatez a los estudiosos de la economía y a quienes dirigen las finanzas en el mundo pues problemas de tal magnitud deben ser motivo de honda reflexión, análisis y medidas pues lo que se evidencia es que el número de personas que hoy tienen problemas económicos y de alimentación en el planeta no tenía antecedentes en la historia de la humanidad.











