La vía que comunica a Bucaramanga con Floridablanca y Piedecuesta, que en aras de la triste realidad ya no aguanta la denominación de autopista, se ha convertido frente a los ojos estupefactos de los santandereanos y la indolencia permanente de los alcaldes de los municipios que sirve, en un auténtico monumento al abandono.
Publicado por: Redacción Editorial
Pocos recorridos pueden reflejar con mayor precisión o más detalle, la apatía, el desinterés y el desamparo al que se han visto condenadas, no solo las obras públicas, sino el ornato en general de muchas ciudades colombianas. Y sobre todo, las de Bucaramanga y su área metropolitana.
La vía que comunica a Bucaramanga con Floridablanca y Piedecuesta, que en aras de la triste realidad ya no aguanta la denominación de autopista, se ha convertido frente a los ojos estupefactos de los santandereanos y la indolencia permanente de los alcaldes de los municipios que sirve, en un auténtico monumento al abandono.
Monumento al abandono que no se puede olvidar, no solo hace estragos en la principal arteria vial de la ciudad, sino que es la imagen de bienvenida que reciben todos los visitantes que llegan a la capital de los santandereanos por el sur.
Pero eso, hay que insistir, poco o nada les importa a las administraciones de Floridablanca y Bucaramanga. Y pruebas contundentes para demostrar lo anterior, lamentablemente sobran.
Es que a los pésimos diseños realizados para montar Metrolínea y sobre los cuales ya poco se puede hacer, hay que agregarles las toneladas de basuras que en separadores y a sus costados la empañan constantemente. Desperdicios que hace meses parecen ser detectados por toda la ciudadanía, menos por los responsables de la limpieza.
A tan desagradable panorama, es necesario sumarle además la vegetación sin poda alguna (llega casi a los dos metros en algunos tramos) en separadores y sardineles; los huecos y las grietas que ya hacen presencia al poco tiempo de haber sido puesta en servicio; la falta de control de las leyes de tránsito (es la única supuesta autopista del mundo donde se dejan y recogen pasajeros ante los ojos complacientes de las autoridades), además de un estado caótico en cuanto a mantenimiento y tráfico, en las vías paralelas que la acompañan.
Se trata, en fin, de siete kilómetros desde Floridablanca hasta la Puerta del Sol, suficientes para evaluar el grado de interés que caracteriza a los burgomaestres no solo en lo referente a los problemas de movilidad, sino de la presentación básica de una ciudad que desde que saluda a sus propios y visitantes cada mañana, lo hace de una manera caótica, desaliñada y antihigiénica.










