Las motocicletas son parqueadas en todas las calles céntricas, sin importar si allí está permitido o no aparcar. Las luces de los semáforos y demás reglas de Tránsito son reiterativamente desobedecidas por quienes van en tales vehículos. La insensatez, agresividad, intimidación y temeridad son la pauta predominante en los motociclistas
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Desde hace algún tiempo Bucaramanga y los municipios que conforman su área metropolitana llevan sobre sus hombros un problema al que deben hacer frente ya que desbordó todos los parámetros previsibles y convirtió en un imposible la convivencia: el comportamiento de los motociclistas en las vías vehiculares.
Para que una comunidad pueda progresar, es esencial el respeto mutuo de quienes conviven en su seno y que sus habitantes cumplan con un conjunto de normas de cultura cívica o ciudadana, escritas unas y tácitas otras, que son consecuencia de los usos y costumbres que se han ido puliendo a lo largo de los tiempos. Las ciudades no pueden ser selvas donde campee el más agresivo, el que violente más las reglas establecidas e imponga el caos como forma de vida.
Las motocicletas y los motociclistas son un hecho social. Ese tipo de vehículos son un medio de transporte que soluciona gran cantidad de dificultades a amplios segmentos de la población y son medio eficaz de transporte de los sectores populares. Pero quienes las conducen tienen obligaciones, deberes y normas qué cumplir. Y allí está el meollo del problema, la falta de cultura ciudadana de quienes las conducen.
Ni las normas de tránsito, ni las vías vehiculares, ni la ciudadanía estaban preparadas para el crecimiento en progresión geométrica que ha habido del número de motocicletas por las calles de Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta y Girón. Se convirtieron en un actor nuevo que terminó imponiendo el desorden, dificultando en grado sumo el desplazamiento por las calles, generando el caos vehicular, afectando notablemente la calidad de vida de los habitantes.
Las motocicletas son parqueadas en todas las calles céntricas, sin importar si allí está permitido o no aparcar. Las luces de los semáforos y demás reglas de Tránsito son reiterativamente desobedecidas por quienes van en tales vehículos. La insensatez, agresividad, intimidación y temeridad son la pauta predominante en los motociclistas.
Muchos blanden un segundo casco que cuelga de uno de sus brazos, con el que golpean los vehículos que tienen el infortunio de circular por la misma vía. Todo en muchos de ellos es violento, no tienen idea de conducir por las vías de una ciudad, ni de lo que es avanzar por un solo carril.
Ese es uno de los grandes y urgentes desafíos de los alcaldes de los municipios que conforman el área metropolitana de Bucaramanga, el reimplantar el orden en las calles, el adelantar una gran campaña de cultura ciudadana, ‘meter en cintura’ a los motociclistas. Si no lo logran, todas sus realizaciones como administradores de la cosa pública serán irremediablemente opacadas.









