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Editorial
Lunes 06 de febrero de 2012 - 12:00 AM

Problemas de nuestro tiempo

Lo laxo le ganó la partida a lo correcto, lo fundamental y recto no importan, lo ético lo acomodamos a las conveniencias del momento, juntamos lo bueno y lo malo imaginando que el agua y el aceite se pueden mezclar y por eso nos hacemos los de la vista gorda con la corrupción.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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El ciudadano del común hoy está obsesionado por problemas y “valores” que considera son esenciales, a los que dedica su tiempo y energía, mientras deja que lo fundamental sea solo un elemento más del paisaje.

El hombre del siglo XXI camina por territorio resbaladizo en el que solo recibe información y conocimiento fragmentados de datos comunicados en forma sesgada, superficial, estresante, mientras cree que  hacer muchas cosas al mismo tiempo es lo correcto. Así, conduce su auto por una congestionada calle mientras oye radio, habla por teléfono celular a través de su ‘manos libres’, vigila que el Policía de Tránsito no le mire para escribir un mensaje a través de Twitter y rabia para que un desempleado no le “limpie” el vidrio panorámico del vehículo. Dedica  su vida a hacer fragmentos de muchas cosas al mismo tiempo, todas adjetivas, incompletas.

  Además, cree a rajatabla que todo lo que crece mejora y, llevado de la mano por los medios de comunicación, pone demasiada atención al crecimiento o decrecimiento de la economía de su país, imaginando que lo que crece está bien, da futuro y que lo que no crece deprime y anuncia el caos. Obsesionado por ello, cae en la desmesura, en la soberbia, ignorando que ello no es todo y que no siempre el crecimiento es exitoso.

Y esos son los ‘valores’ que lleva a su hogar, al seno de los suyos, a ellos dedica todas sus energías, los transmite a sus hijos, a quienes atiborra de cursillos para que sean los mejores, más expandidos que los demás, obtengan siempre más bienestar, utilidades y réditos económicos que los que obtienen sus semejantes. Por deificar tales ‘valores’, ¿qué ha hecho? Lanzar al cuarto de San Alejo lo fundamental, lo que realmente importa: el formar correctamente a su prole, a los suyos.

Lo laxo le ganó la partida a lo correcto, lo fundamental y recto no importan, lo ético lo acomodamos a las conveniencias del momento, juntamos lo bueno y lo malo imaginando que el agua y el aceite se pueden mezclar y por eso nos hacemos los de la vista gorda con la corrupción.

En tanto, a nuestros pies se desmorona la sociedad, la familia, las generaciones futuras, entre valores distorsionados, el aumento escandaloso de la drogadicción, el alcoholismo, la prostitución, los embarazos de adolescentes, la corrupción y un largo etcétera que demuestra, plenamente, que hay que repensar la familia, la sociedad, la economía, los derroteros de los países, pues muchas cosas las están atomizando, mientras egoísta y miopemente imaginamos que eso no nos pasa a nosotros sino a los demás.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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