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Editorial
Jueves 09 de febrero de 2012 - 12:00 AM

Una proposición improcedente

Más allá de las consideraciones de índole política que tienen que ver con lo pertinente que puede ser la presencia del representante de un sistema no democrático como el cubano, en la mesa de naciones a las que las caracteriza precisamente su origen de elección popular, vale la pena apuntar lo desacertada de la iniciativa de Correa

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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Sin duda alguna -y así lo registran todas las encuestas que se han aplicado hasta la fecha- la mejor calificación que los colombianos dan al presidente Santos está en el área de las relaciones internacionales, que fue, entre otras cosas, uno de los aspectos más deteriorados que quedaron en sus manos una vez tomó el gobierno.

Todo el país entendía, y aún los sectores más uribistas así lo consideraban también, que en lo que respecta a las relaciones internacionales el gobierno anterior había tenido poco tino, entre otras cosas porque había desconocido la importancia de la diplomacia como el medio idóneo para tramitar acuerdos y desacuerdos, especialmente con los vecinos.

Esta actitud de base, sumada a acciones que, justificables o no desde la perspectiva colombiana, fueron francamente inamistosas para Ecuador y Venezuela, dejaron nuestra cancillería en situación prácticamente de emergencia.

Y así, con urgencia, el presidente Santos trató el aspecto internacional, acertando primero que todo en el nombramiento de la actual ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín y recuperando la comunicación y luego la confianza plenamente de Hugo Chávez y parcialmente de Rafael Correa. Con Venezuela se tienen ahora relaciones normales, casi a plenitud en todos los campos, mientras que con Ecuador, si bien se ha ganado bastante terreno, ha sido mucho más empinado el recorrido.

Pero en los últimos días, nuevas piedras se han aparecido en ese camino y tienen que ver con la inexplicable e improcedente propuesta, con forma de ultimátum, del presidente Correa quien sumó a los países de la Alianza Bolivariana para las Américas, ALBA, a la idea de condicionar su asistencia a la Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Colombia el próximo abril, a la invitación que, piensa él, debe hacérsele a Cuba.

Más allá de las consideraciones de índole política que tienen que ver con lo pertinente que puede ser la presencia del representante de un sistema no democrático como el cubano, en la mesa de naciones a las que las caracteriza precisamente su origen de elección popular, vale la pena apuntar lo desacertada de la iniciativa de Correa que puso, incluso al presidente Chávez en la incierta posición de respaldarlo, mientras trata de no agredir a Colombia y no causar daño a la Cumbre.

Mientras busca fórmulas diplomáticas para salvar la situación creada por Correa, la canciller Holguín está hoy en Cuba tratando de establecer hasta qué punto la isla estaría interesada en presentarse en un foro al que históricamente nunca ha pretendido asistir y en el que, además, figura Estados Unidos, país que ya dijo que ese gobierno no reúne las condiciones necesarias para ser admitido en la Cumbre.

Sería recomendable que el presidente Correa aclarara las motivaciones de su propuesta y, sobre todo, nos permitiera estar seguros de que no fue su intención poner en vilo la celebración en Colombia de una Cumbre que caminaba en un contexto de armonía en lo político y prosperidad en lo económico para los países del área.

Publicado por: REDACCION EDITORIAL

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