El mensaje que se ha querido dar es errado y desafortunado. El verdadero Escobar fue un hombre que puso su huella de muerte a todo lo que tocó, incluido este diario, cuyas instalaciones fueron destruidas por una bomba, el 17 de octubre de 1989, y con ella la vida de tres colaboradores.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
Hace unas semanas, el Canal Caracol estrenó la serie ‘Pablo Escobar, el patrón del mal’. Según se anunció, la mentada serie pretendía hacer un recuento de toda la maldad y el daño que el funesto personaje le hizo a la sociedad colombiana y del que todavía no termina de recuperarse.
Se trataba de una historia contada desde la voz de las víctimas, dijeron sus productores, más viniendo de la mano creativa de una sobrina de Luis Carlos Galán y de un hijo de Don Guillermo Cano, dos de las víctimas más visibles de la mano asesina de Pablo Escobar. La serie, insistieron, era un reconocimiento a todos las muertos inocentes y un llamado para que esta historia de sangre no se volviera a repetir.
Pero pasados los anuncios y entrada la historia, poco se ve de la tan anunciada reivindicación con las víctimas y más bien lo que ha desfilado frente a los ojos de los televidentes es la historia de un Pablo Escobar un poco héroe, que es capaz de utilizar cualquier artimaña para conseguir lo que quiere. Una especie de rey de la “malicia indígena” que para muchos es motivo de admiración. Casi que se trata de una historia de superación personal, de alguien venido de abajo que logró llegar hasta donde quiso, que tanto le gusta al televidente colombiano.
Lejos de lograr el repudio por este personaje, lo que ha generado la serie es revivir esa vieja admiración morbosa por el hombre que más daño le ha hecho a esta nación. Frases como “Pablo Escobar era bueno, porque le regalaba casas a los pobres” o que Escobar era “un duro” ya se han escuchado en niños y jóvenes que desconocen el pasado, pero siguen la serie.
El mensaje que se ha querido dar es errado y desafortunado. El verdadero Escobar fue un hombre que puso su huella de muerte a todo lo que tocó, incluido este diario, cuyas instalaciones fueron destruidas por una bomba, el 17 de octubre de 1989, y con ella la vida de tres colaboradores.
El asesinato de Don Guillermo Cano, de Luis Carlos Galán, de Rodrigo Lara, de Carlos Mauro Hoyos, de Valdemar Franklin; el secuestro de Andrés Pastrana y de Francisco Santos; la muerte de Diana Turbay; la bomba de El Espectador; el estallido en pleno vuelo del avión de Avianca; la bomba del DAS, la del Centro 93 en Bogotá, la del Parque Lleras en Medellín; los cientos de policías muertos son solo algunos de los macabros hechos con los que Escobar tiñó de sangre la realidad colombiana. Eso sin contar que instauró la cultura de “plata fácil” de la que aún no se ha podido deshacer el país.
Eso es lo que era Pablo Escobar y esa la realidad que se le debe contar a las nuevas generaciones y que el país no puede nunca olvidar.











