El caos y la muerte derivada de los accidentes en los que peatones, motociclistas y conductores se ven involucrados podrían reducirse a su mínima expresión, si existiera conciencia ciudadana y la ciudad contara con la autoridad para hacer respetar las normas.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Ayer este diario publicó un informe según el cual cada tres días muere en el Área Metropolitana de Bucaramanga una persona en accidentes de tránsito. Solo durante los cinco primeros meses del año, 56 personas perdieron la vida en estos hechos. Los motociclistas son las principales víctimas fatales, pues del total de fallecidos, 24 eran conductores de motocicleta y 6 parrilleros.
Estos accidentes se han presentado en su gran mayoría por no acatar las normas de tránsito, por la imprudencia de los conductores, por exceso de velocidad y por consumo de alcohol. Además, y especialmente en el caso de los motociclistas, por el no uso de los elementos de seguridad.
Pero el saldo trágico no es solo para quienes manejan vehículos. De las 56 muertes, 16 corresponden a peatones, quienes en su mayoría han muerto atropellados por motos.
Es cierto. La imprudencia y el irrespeto por las normas de tránsito pasan su factura cobrando vidas. Basta salir a la calle y tratar de atravesar una vía, para comprobar que somos una ciudad que no respeta las normas ni a los demás: las motos zigzaguean entre los huecos y los carros sin respetar los carriles; los carros literalmente se lanzan sobre los peatones cuando intentan cruzar las calles, pero al mismo tiempo, los peatones cruzan por cualquier lado y no utilizan los puentes peatonales. Si usan la cebra, esto no tiene ningún significado para los vehículos, que jamás detienen su marcha para darles paso.
Y si de usar los andenes se trata, es misión casi imposible, pues se encuentran invadidos de carros, vendedores ambulantes y nunca falta el motociclista que desesperado por el trancón concluye que el andén es una buena opción para aligerar el paso.
Ni qué decir de la imposibilidad absoluta de transitar para los discapacitados o para las personas que salen a la calle con niños y coches. Todo esto se resume en que el caos y la muerte derivada de los accidentes en los que peatones, motociclistas y conductores se ven involucrados podrían reducirse a su mínima expresión, si existiera cultura y conciencia ciudadana y la ciudad contara con la autoridad necesaria para hacer respetar las normas.
Usar los puentes peatonales, los cinturones de seguridad; cruzar por las cebras, respetar los carriles, parquear en los sitios autorizados, dar prioridad de paso al peatón y no manejar embriagado, por citar algunas, no son grandes actuaciones que requieran un esfuerzo superior de los bumangueses. Son simples normas básicas de convivencia, que solo necesitan conciencia para ser respetadas y autoridad para exigir su respeto.
Tan fácil como eso es como se pueden salvar vidas.











