El derroche constante, los malos negocios así como los sueldos excesivos y la burocracia exagerada de la Federación, no tienen presentación alguna en cualquier época de la que se hable, pero menos aún en este presente negro que envuelve a los cafeteros colombianos
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
El café, uno de los sectores más tradicionales y significativos del país y sin duda alguna, el de mayor importancia en la agricultura, está en crisis. El paro protagonizado por los cultivadores del grano es, puesto en términos sencillos, la detonación de un escenario que no ha parado de complicarse en los últimos tiempos.
En Colombia, más de 525 mil familias obtienen sus ingresos del café. Ingresos que para recordar algunos de los motivos de la huelga, se les han disminuido en un 50% por cuenta del desplome de los precios, al tiempo que los insumos para mantener los cultivos se han incrementado en más de un 30%
Como se desprende de la lógica más básica, no resulta necesario ser economista de profesión o experto en finanzas para deducir que un descalabro en las entradas de tal magnitud, agravado por el aumento sostenido de los costos y gastos, pondría en serios problemas a cualquier sector o empresa del mundo. En este país le sucede hoy al café, al igual que a muchos otros productos del agro como el cacao y la palma africana.
Pero el caso del café tiene un agravante en particular. Y ese agravante consiste en que al tiempo que cientos de miles de colombianos no saben literalmente qué harán en el futuro inmediato por cuenta de la quiebra de su negocio, la Federación Nacional de Cafeteros es muy poco lo que ha hecho para adaptarse a las circunstancias.
Sí. Es que no tiene explicación desde ningún ángulo que se mire, el hecho de que mientras se produce menos café en el país y miles de cultivadores ni siquiera saben si podrán continuar en su actividad por cuenta de la ruina que los golpea, la Federación permanece impávida.
Al tiempo que el número de sacos producidos ha caído a la mitad en cuestión de pocos años, la calificación de exagerado se queda corta para describir el monto de los salarios de altos directivos de la Federación en Colombia y el exterior.
En otras palabras, desde hace mucho la Institución ha debido ejecutar un proceso serio y profundo de reingeniería, que le permitiera enfrentar las dificultades que atraviesa el sector pero, sobre todo, ser una ayuda y no una carga para los caficultores.
El derroche constante, los malos negocios así como los sueldos excesivos y la burocracia exagerada de la Federación, no tienen presentación alguna en cualquier época de la que se hable, pero menos aún en este presente negro que envuelve a los cafeteros colombianos.











