La fructífera vida de Alfonso Gómez Gómez comienza a ser parte del patrimonio de la patria y orgullo para sus coterráneos.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Cada cierto número de años los pueblos encuentran líderes, personas únicas que irradian una luz especial que atrae a los demás. Y las masas, anhelantes, siguen tal resplandor, aunque desafortunadamente, con frecuencia, este sea fugaz. Esos son los líderes.
A su vez, cada comunidad tiene conductores, seres cuyo periplo vital es diferente al de los líderes, pues cumplen otro papel histórico.
Los conductores guían a su colectividad por un camino certero, para que se desmoronen las inequidades y cada cual tenga una posibilidad real en la sociedad; dedican su vida a señalar que la patria es un complejo edificio de realizaciones colectivas, donde cada cual pone su grano de arena para avanzar.
Los conductores son faros que señalan que para que haya futuro y todos tengan espacio, hay que conservar los valores y hacer de la pacífica convivencia y la tolerancia una bandera.
En Alfonso Gómez Gómez Santander tuvo un conductor. Su vida sin excesos, sus costumbres sencillas, su tolerancia, su modestia, la certeza que tenía de que para que un pueblo tenga futuro, sus dirigentes deben ser ejemplo vivo de rectitud, fidelidad a un ideario y pulcritud. Su convicción de que para que la sociedad se supere, debe esforzarse en la educación de las nuevas generaciones. Su ejemplo de que para descollar no hay que arrollar a nadie. Esa es la huella que deja en la región.
Alfonso Gómez Gómez no solo fue un político sobresaliente, un administrador probo de lo público y un dirigente destacado, sino un hombre de amplia formación cultural.
Escritor de pulcro estilo, amante de la Historia, enamorado de las ideas políticas, lector insaciable, que sabía que quien tiene conocimiento no es aquel que más ruidosamente lo pregona, sino quien oye a todos, los respeta y deja que cada cual encuentre su propio destino.
La fructífera vida de Alfonso Gómez Gómez comienza a ser parte del patrimonio de la patria y orgullo para sus coterráneos. Desafortunadamente, su ciclo vital ha llegado a su fin, pero con satisfacción decimos que en buena parte del siglo XX y lo que va corrido del XXI, Santander fue el escenario en que brilló tan destacado conductor.
Sus enseñanzas y la siembra que dejó en tantos serán la marca que perdurará por siempre en esta tierra santandereana.









