Hay mucho en juego y no se puede pretender que el país quede en vilo años enteros, esperando el lento avance de unas interminables negociaciones donde hoy se dé un paso adelante y mañana se retrocedan tres.
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Si un tema es espinoso hoy en Colombia es el que se refiere a la paz, en particular a la posibilidad de llegar a un acuerdo con las Farc, para que este grupo subversivo cese en su acción al margen de la Ley.
Sabe el país que si bien la suscripción de un documento en el que conste que las Farc dejarán los actos violentos no significará el fin de la violencia, ni de lacerantes situaciones sociales como el desplazamiento, tal hecho sí tendrá un alto significado para el imaginario colombiano.
El asunto tiene numerosos componentes contrarios a la Ley en los que las Farc son actores fundamentales. Sobresalen los controles anormales de territorios a través del miedo y el terror que se ejerce sobre la desprotegida población de extensas zonas del país, los actos de extorsión y secuestro, la vinculación de menores a actividades ilícitas, el reclutamiento forzado, los actos de acoso y violencia sexual, los masivos desplazamientos forzados, todos ellos imputables a las fuerzas subversivas.
Así, gran parte de la violencia y, por ende, de la paz, está en cabeza de la guerrilla y es ella la que debe cesar en su accionar, para demostrar ante el país y la comunidad internacional su real propósito de reintegración a la vida normal.
Por eso la manifestación hecha por los voceros de las Farc en las negociaciones de paz en La Habana en el sentido de que no se puede pretender una paz “express”, debe ser revisada, pues los actos de violencia citados no son llevados a cabo por el Estado, sino por las guerrillas y son ellas las que deben poner fin a tal estado de cosas.
Hay mucho en juego y no se puede pretender que el país quede en vilo años enteros, esperando el lento avance de unas interminables negociaciones donde hoy se dé un paso adelante y mañana se retrocedan tres.
Las guerrillas tienen sobre sus hombros una inmensa responsabilidad en ese infernal flagelo que desde hace décadas vive el país y no pueden eludir el peso de los acontecimientos manifestando que las cosas no pueden cambiar a corto plazo.
La ciudadanía sabe que un acuerdo de paz será la puerta abierta que se necesita para construir un país mejor y por ello las negociaciones no se pueden prolongar en el tiempo.









