En todas las urbes nacionales sucede exactamente lo mismo, sin que municipio alguno se haya destacado hasta el momento por hacer algo al respecto
Publicado por: REDACCION EDITORIAL
Resulta suficiente con leer el periódico de cualquier ciudad colombiana, para deducir de manera fácil y rápida que de lo que se habla, es de una verdadera epidemia.
En todas las urbes nacionales sucede exactamente lo mismo, sin que municipio alguno se haya destacado hasta el momento por hacer algo al respecto.
Incluso, el diario bogotano El Tiempo publicó hace pocas semanas un artículo que se refiere lo que está sucediendo en la Capital del país, pero lo que ahí se describe se replica como en papel carbón en las demás poblaciones colombianas, incluida Bucaramanga.
Dicho informe resume con gran precisión los pecados cometidos reiteradamente por los ciudadanos que más afectan la convivencia.
La falta de tolerancia generalizada que desemboca en riñas, agravios y que ya resulta casi imposible de cuantificar debido a su número tan alto; la incultura en el sistema integrado de transporte masivo; la explotación de niños para pedir limosna; el vandalismo; la falta de denuncias por parte de la ciudadanía para ayudar a las autoridades a luchar contra el crimen y la violación sistemática de las normas de tránsito, son los fenómenos que se multiplican a diario en todas las latitudes de la nación.
Ahora, no se necesita ser un experto en sociología para deducir que un problema que se reproduce en tantos lugares simultáneamente, debe tener causas comunes. Y tampoco hay que tener una mente privilegiada, para concluir que esos orígenes se pueden encontrar de manera fácil en la falta de educación o en su defecto, en las grandes carencias de los currículos escolares nacionales, en los cuales la cívica, la urbanidad y los modales no se imparten desde hace lustros.
Pero esos factores no lo esclarecen todo. Y no lo esclarecen todo, porque hay un componente de agresividad, de violencia de miles de ciudadanos contra sus congéneres y de destrucción de todo lo que suponga infraestructura pública, que es necesario investigar un poco más a fondo para poder explicarlos.
El resentimiento podría ser un agente pasado por alto, pero sin lugar a dudas hace tiempo es necesario que se realicen estudios serios, tal vez por parte de las universidades, para dilucidar estos comportamientos.
Las campañas institucionales sin lugar a dudas son útiles, pero antes de ejecutarlas, en las pocas ocasiones en que se efectúan, sería bueno conocer los orígenes de los comportamientos que se desea contrarrestar, con el fin de aumentar así su efectividad.









