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Editorial
Jueves 02 de mayo de 2013 - 12:00 AM

Doble vuelta para la compra de votos

Contra la democracia se han venido los políticos corruptos y los electores también corruptos que en vez del libre juego de las ideas han establecido transacciones inmorales para obtener los votos por medio de aparatos delictivos.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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El ejercicio de la política, que debería exaltar la vida de quienes se relacionan con ella, en tanto permite servir a la comunidad con rectitud y sin descanso, ha venido declinando de manera alarmante tanto por la devaluación de los que antes fueran sólidos principios morales, éticos e ideológicos, como por la irrupción de conductas ilícitas en el quehacer de funcionarios nombrados en la burocracia o elegidos en los cargos de representación popular.

Pero si contra alguna institución se ha arremetido sin piedad en las últimas décadas, es contra la democracia como sistema para fijar los juegos de poder y definir a quiénes deben ejercer el gobierno del país, de los departamentos o de los municipios. Contra la democracia se han venido los políticos corruptos y los electores también corruptos que en vez del libre juego de las ideas han establecido transacciones inmorales para obtener los votos por medio de aparatos delictivos. Unos y otros se han aprovechado de sus mutuas necesidades y mientras el político de baja condición se vale de la pobreza del elector, este lo hace de la necesidad del candidato y sobre este viciado sistema basan hoy una relación pretendidamente democrática.

Ahora, senadores como Juan Lozano, Gilma Giménez, Armando Benedetti y Eduardo Enriquez Maya proponen la doble vuelta para la elección de gobernadores y alcaldes, con el peregrino presupuesto de fortalecer la democracia al dar mayor base popular al candidato que salga elegido, al reducir las opciones a solo dos, cuando en la primera vuelta no se alcance un caudal de la mitad más uno de los votos.

Pero la experiencia se ha cansado de demostrar que las cosas son exactamente al revés de como las presentan los legisladores.

En pocas palabras, una segunda vuelta es un segundo turno para la ronda de compra-venta de votos, una forma aún más feroz o descarada de traficar con las variables electorales; en países tercermundistas, en los que, para la política mal concebida, las necesidades del electorado hacen juego con las malformaciones morales de una buena cantidad de los candidatos, una segunda vuelta solo sirve para acabar de prostituir un sistema democrático que peligrosamente parece convencer cada vez a menos gente y al que ahora algunos legisladores intentan ponerle alforjas para ampliar su capacidad de corrupción y doblarse en la impúdica apuesta que suele hacerse ahora para determinar quién llega a una alcaldía o a una gobernación.

Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL

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