Es necesario crear una división de la Policía especializada en controlar la violencia futbolística.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
La violencia entre seguidores de equipos de fútbol en los estadios y fuera de ellos, ha vuelto a ocupar la atención de la prensa y de la ciudadanía como consecuencia de la muerte violenta que sufrió un aficionado del Once Caldas a manos de hinchas de otro equipo y por las drásticas medidas tomadas por las autoridades municipales de Medellín sobre partidos que en dicha ciudad juegue el Atlético Nacional.
Los vecinos de los estadios en diversas ciudades colombianas protestan por los actos de pillaje, vandalismo y el alto consumo de licor y alucinógenos que llevan a cabo en las cercanías a sus residencias, miembros de barras bravas de equipos de fútbol y por los daños que causan.
Colombia, en las últimas décadas, ha vivido repetidos actos violentos llevados a cabo por hinchas de equipos de fútbol y frente a ellos la respuesta del Estado ha sido inferior a la gravedad de lo ocurrido.
El número de aficionados muertos por seguidores energúmenos de equipos rivales y las grescas violentas entre barras de equipos en contienda con saldos trágicos, ponen en evidencia que muchas veces tales hechos son actos de violencia organizada, previamente planificados por grupos de personas a los que llaman barras bravas o, siguiendo la denominación inglesa, hooligans.
Frente a ese fenómeno, las sentencias judiciales han sido muy pocas.
La relación entre violencia y deporte no es una enfermedad de nuestra época; ha estado presente en la historia de la humanidad desde tiempos remotos y en cada momento histórico ha tenido expresiones propias de su tiempo. Para no remontarnos a la antigüedad o a la Edad Media, momentos en los que los hubo, no es de olvidar que el 16 de julio de 1.916, en desarrollo de un partido de fútbol jugado en Liniers entre argentinos y uruguayos, un tumulto del público por lo ocurrido en el campo de juego, devino en la quema del estadio.
El amor por una camiseta y la enseña de un club deportivo, por los colores nacionales, generan intolerancia y fanatismo en algunos individuos faltos de educación y cultura, que llevan a la agresión y a ciegos actos de violencia.
¿Qué hacer? Las autoridades deben ser más drásticas, tomar medidas radicales. Es necesario crear una división de la Policía especializada en controlar la violencia futbolística, pues sectores lumpen han convertido a los estadios y al deporte en un espectáculo de muerte y horror.









