Nada se hace para atenuar los embates de la naturaleza. Nada se planifica. Nada se invierte. Toda actividad durante época de mal clima se paraliza, y luego se sufren las consecuencias.
Publicado por: REDACCIÓN EDITORIAL
El alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, acaba de anunciar la destinación de 20 mil millones de dólares, para obras cuyo fin será mitigar los efectos que tendrá el calentamiento global sobre su ciudad a mediados de siglo.
Luego de un juicioso estudio, que determinó las zonas más propensas a inundarse para mediados de este centenario, cuando entre otras cosas se estima que el nivel del mar subirá varios metros, debido al descongelamiento de los glaciares, gobiernos como el de la urbe más importante de los Estados Unidos ya pusieron manos a la obra.
Mientras tanto, aquí en Colombia nadie, sobre todo en las altas esferas del Estado, parece darse por enterado de lo que sucede con el clima del planeta.
A pesar de las inundaciones y los desastres que se generan cada vez que los índices de lluvias superan el promedio, lo cual puede esperarse que suceda con cada vez mayor frecuencia en el futuro inmediato, la estrategia de este país para el cambio climático parece reducirse a esperar los desastres, aguantar el impacto económico y luego contar los muertos.
Sí. Es que no se puede decir nada distinto, cuando en las ciudades costeras no existen ni siquiera los estimativos de lo que pueda suceder si se intensifica el número y magnitud de las tormentas. Y menos aún si llega a subir el nivel del mar.
Por otro lado, en el interior de la nación, y más concretamente en departamentos como Santander, las carreteras se arreglan por salir del paso, no alcanzan siquiera a quedar listas entre un invierno y otro y ni qué decir de los deslizamientos masivos de tierra que afectan a poblaciones enteras.
Como si lo anterior no fuera motivo suficiente de alarma y preocupación, los aeropuertos todavía no cuentan con los equipos mínimos para operar en condiciones adversas y la infraestructura en general no da abasto siquiera para el funcionamiento del país cuando el tiempo es aceptable.
En resumidas cuentas, nada se hace para atenuar los embates de la naturaleza. Nada se planifica. Nada se invierte. Toda actividad durante época de mal clima se paraliza, y luego se sufren las consecuencias.
Esa es hasta el momento la única planificación con la que cuentan los colombianos hasta el momento y será, por lo visto, la que los someterá a seguir condenados al atraso en las décadas venideras de este siglo.









