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Editorial
Domingo 24 de marzo de 2024 - 05:01 AM

El diputado Ariza debería renunciar

El protagonista de este escándalo afirmó que no va a renunciar, demostrando que la vergüenza no tiene cabida en su laxo criterio de la moral, de la ética y del respeto hacia los demás.

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El video escandaloso, vergonzoso y extremadamente violento en el que se ve al diputado, presidente de la Asamblea de Santander, Jesús Alfredo Ariza Obregón, agrediendo verbalmente a una mujer y confesando en medio de la situación que está bajo efectos de drogas, ha puesto nuevamente a la clase política de nuestro departamento en el pantanoso fondo donde se halla lo peor de esta actividad pública, lo cual no puede mirarse con ligereza, pues estos personajes nefastos, son los mismos que suben a las tarimas, hablan con comunidades y las engañan tranquilamente presentándose como ejemplos de la moralidad y la decencia, cuando en realidad, son ciudadanos cuestionables e indeseables.

¿Cómo puede al mismo tiempo, una persona como Ariza Obregón, recibir los honores que se le ofrecen al presidente de la Asamblea de Santander y en su casa, como se aprecia en el video publicado, comportarse como el clásico patán, además de eso abusador y maltratador? Pero, la ‘valentía’ que cree que le sobra al político, le faltó del todo a la hora de asumir sus faltas y hacerse responsable de sus actos, porque en lugar de reconocer sus culpas, las evadió con descaro.

Y procedió de la manera más taimada, haciéndose acompañar de su madre y hermanas, en una puesta en escena tan oprobiosa como la de la agresión a quien se supone que era su pareja en el video, pues lo que claramente indicaba el sentido común, el carácter y la decencia, que parece desconocer el flamante político local, era dar paso a cualquier investigación que examine su conducta, excusarse frente a la opinión pública reconociendo y no negando las evidencias, y, finalmente, ofrecer su renuncia al menos al cargo de presidente de la Duma, cuyo honor y mérito claramente quedaron en entredicho.

Pero, en el sentido de su cinismo y cobardía, el protagonista de este escándalo afirmó que no va a renunciar, demostrando que la vergüenza no tiene cabida en su laxo criterio de la moral, de la ética y del respeto hacia los demás. De tal modo que Ariza Obregón seguirá sentado en la silla principal de la Asamblea de Santander, burlándose de la persona a la que ofendió, acosó y amenazó, evadiendo claras responsabilidades como figura pública y dejando a los santandereanos con la peor representación nacional posible, con un nuevo y vulgar escándalo, originado en el machismo, la violencia y la falta de principios, características que tanto mal le han hecho a nuestra identidad cultural y regional.

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Publicado por Editorial

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