Publicado por: Editorial
Como santandereanos, no podemos menos que reconocer que la vía que conecta a Bucaramanga con Bogotá constituye una vergüenza departamental, pues es un acumulado histórico de abandono que evidencia también el desprecio sistemático de los gobiernos nacionales hacia Santander y toda la región oriental de Colombia. Una ruta que debía ser ejemplo de modernidad, eficiencia y seguridad no es más que una sucesión de huecos, derrumbes y tramos reducidos a un carril, que nos mantiene anclados al pasado, mientras el país avanza por otros caminos.
La paciencia de los santandereanos se ha agotado, y las talanqueras levantadas durante ocho meses son el resultado de comunidades que se sienten burladas desde hace décadas, pues ese corredor vial ahora solo sirve para retrasar la economía regional al encarecer las mercancías que viajan hacia Bogotá y Venezuela.
La carga que sortea las fallas geológicas, los hundimientos y las vías en pésimo estado termina pagando un sobrecosto absurdo que reduce la competitividad de nuestros productos. Los empresarios santandereanos ven cómo sus utilidades se esfuman entre reparaciones y demoras, mientras los precios finales castigan al consumidor y a los socios comerciales en el vecino país.
Pero, además del daño económico, esta situación atenta también contra la vida de los miles de conductores y pasajeros que deben transitar por allí. Esta situación deplorable e inaceptable, además de la abulia de los gobiernos nacionales, es resultado de la falta de liderazgo de nuestra propia clase política regional, pues hemos visto cómo, con demasiada frecuencia, nuestros representantes en el Congreso han actuado, podríamos decir, con una mansedumbre indignante frente a las altas esferas del poder, conformándose con anuncios que nunca se concretan y aceptando estudios que nunca se convierten en obras.
Tampoco han valido los esfuerzos, repetidos hasta el agotamiento, de los gremios, los líderes empresariales y los voceros regionales, que durante años han alzado la voz sin obtener más que promesas demagógicas. La Cámara de Comercio, Prosantander, los transportadores y las comunidades organizadas han presentado diagnósticos, proyectos y voluntad de diálogo, pero siempre han chocado con un muro de burocracia y desidia. Los convenios incluso se firman, pero luego zozobran entre cálculos erráticos o malintencionados y la falta de voluntad para ejecutarlos.
Esa larga historia de burlas e irrespeto es la que tiene que llamar de nuevo, pero con mucha más fuerza, a todos los representantes de Santander para que, sin excusas ni divisiones, conformen un frente común que negocie con firmeza y sin concesiones con el gobierno nacional entrante. No se puede permitir que un nuevo mandatario reciba a la región con palmaditas en la espalda y promesas presupuestales, mientras la vía sigue desmoronándose y matando la economía y las esperanzas de los santandereanos.
Se necesita una bancada unida, gremios que insistan sin descanso y una ciudadanía movilizada que exija, como condición innegociable, la inclusión de este corredor en los planes prioritarios de inversión. El atraso de décadas debe terminar de una vez. Desde el próximo 7 de agosto, con el nuevo presidente de la República, comienza otra oportunidad de poner las cosas en orden, porque ese gobierno tendrá la obligación de mostrar si realmente le importa el oriente colombiano o si prefiere seguir ignorándolo.
No podemos seguir aceptando pasivamente más estudios ni diseños que no tengan presupuestos, cronogramas y la seriedad de un proyecto de la magnitud que esta vía requiere y que incluye doble calzada, variantes, taludes y terceros carriles, sencillamente porque Santander no puede seguir siendo el departamento marginado de la infraestructura vial nacional, pagando peajes que nunca se invierten en obras visibles.
La dignidad de nuestra gente y el futuro de nuestra economía exigen que esa vía deje de ser un calvario y se convierta, literalmente, en un camino expedito hacia el progreso.
El 7 de agosto, con el nuevo presidente, comienza otra oportunidad de poner las cosas en orden, porque ese gobierno tendrá la obligación de mostrar si realmente le importa Santander...











