Lunes 15 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

Bucaramanga y la herencia de lo no hecho

Sin solucionar el problema del transporte público urbano y el de la disposición final de los desechos que produce la población no podremos entrar con pie derecho en el siglo XXI.
Archivo /VANGUARDIA LIBERAL

Cada día estamos más sumergidos en el siglo XXI. Tal centuria, con fuerza, genera realidades distintas a las que reclamaba el siglo XX y señala lo que es necesario para que una ciudad y una región tengan futuro. Bucaramanga y los municipios que conforman su área metropolitana tienen, más allá de las egoístas y cortoplacistas pretensiones de sus políticos parroquiales, el desafío de ser una sola fuerza en esta nueva época.

Para tener futuro en la presente centuria, es necesario resolver nudos gordianos que se han debido desatar en el siglo anterior; herencias negativas del pasado que hoy son un estorbo que impide enfrentar airosamente los desafíos del presente.

Varios añosos nudos gordianos arrastran Bucaramanga y su área de influencia y no hay voluntad política para resolverlos debidamente. Sobresalen el problema del transporte público urbano y la solución de la disposición final de los desechos que produce la población que en ella vive. Sin solucionarlos no podremos entrar con pie derecho en el siglo XXI.

El sistema público masivo de transporte en Bucaramanga y sus municipios aledaños no puede ser Metrolínea, ni menos, el que había antes, ese que surgió por generación espontánea y desordenadamente se desarrolló en el siglo XX. El siglo XXI reclama uno más inteligente, amable con el medio ambiente, acorde con las nuevas realidades citadinas.

Con datos de finales del siglo XX, Planeación Nacional diseñó e implantó para siete ciudades (entre ellas Bucaramanga y su área metropolitana) un sistema de transporte urbano público masivo. En su diseño e implementación se incurrió en grandes errores, no fue una solución, mutó en gran “dolor de cabeza”. Ninguna de las seis administraciones municipales que ha habido en Bucaramanga, Floridablanca, Piedecuesta y Girón durante su existencia ha tenido voluntad política para hallar una salida atinada para Metrolínea.

Hay que superar el gigantesco problema de movilidad que tenemos. Quienes aspiren a ser los próximos alcaldes y concejales de nuestros municipios tienen el imperativo categórico tanto de resolver inteligentemente tal problema, como de encontrar lúcida salida al problema de disposición final de los desechos, o no tendremos futuro en el siglo XXI.

¿Por cuánto tiempo seremos un confuso y fragmentado mosaico de necesidades no resueltas mientras corrientes enormes de capital, trabajo e información remueven los cimientos y modelan el mundo del siglo XXI?

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